Diario de León
Publicado por
Rosa Villacastín
León

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Levantarse cada mañana supone para muchas personas un esfuerzo titánico. No saben como van a poder hacer frente al pago de la luz, de la hipoteca, del agua, del IBI, del colegio de los niños o de la ayuda a los hijos o los padres. No son los únicos, incluso los hay que con un salario decente no saben como solucionar otro tipo de problemas como pueden ser la salud, la angustia de ver como su calidad de vida ha dado un giro de ciento ochenta grados, problemas todos derivados de la crisis e incluso de la guerra. Ha leído bien de la guerra, de esa que tiene lugar en pleno corazón de Europa y a la que asistimos impotentes, sin poder hacer nada, o casi nada, después de que los líderes europeos hayan decidido abandonar a su suerte a quiénes huyen del horror y de la muerte. Imágenes que día tras día nos ofrecen los informativos de las distintas cadenas de televisión y que difícilmente se pueden contemplar sin sentir un estremecimiento, el horror de pensar que cualquiera de esas familias que desembarcan en las playas de Grecia o de Italia, hace tan solo dos años, tres máximo, vivían como usted y como yo.

Y sin embargo, siendo eso grave, también lo es lo que esta ocurriendo en nuestro país, donde no hay día que no asistamos a la detención de un ex banquero, de un alcalde, de un presidente de la diputación, de un ex presidente de la Generalitat, acusado de haberse enriquecido él y su familia a través de negocios fraudulentos. Un fenómeno que no por conocido deja de sorprendernos. Me estoy refiriendo a la corrupción. Esa lacra que por lo que estamos viendo ha logrado meterse en el tejido social de nuestra sociedad hasta pudrir sus cimientos.

Todos sabemos que hay personas que están convencidas de que España es un cortijo que les pertenece, de que si son los suyos quienes se llevan el dinero a un paraíso fiscal lo justifican diciendo que cualquiera en sus mismas circunstancias haría lo mismo. Quiero pensar que son los menos.

Falta ahora que los representantes políticos tomen conciencia de la gravedad de la situación, de que quien la hace la paga. De lo contrario corren el riesgo de que el desencanto arraigue tanto entre los ciudadanos que la mayoría de sus formaciones políticas desaparezcan, y ellos se vayan de patitas a la calle.

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