No comparar, por favor

¿Se ha comparado alguna vez con alguien? Supongo que sí, lo raro sería que no lo hubiera hecho. El problema es hacerlo continuamente y pensar que usted vale menos o que nunca conseguirá lo que aquel ha conseguido. Ese se?ntimiento de inferioridad es una de las señales más claras de que su autoestima necesita mejorar.
Lo curioso es que, incluso para compararnos, nos hacemos trampa a nosotros mismos. Primero, porque realizamos una percepción selectiva, que hace que sólo nos comparemos con aquellas personas que creemos mejores, y que terminemos concluyendo que cualquiera tiene más capacidades, más suerte o más éxito que nosotros. Y, segundo, porque de aquellos con los que nos comparamos tendemos a fijarnos sólo en los rasgos en los que, a nuestro criterio, sobresalen.
Como se puede imaginar, si hace esto tiene todas las de perder. A no ser que ponga en marcha algunas estrategias:
—Escuche a su vocecilla y plántele cara. Esa que le dice que vale menos, que no puede hacer eso o que esa persona tiene temas de conversación más interesantes. Razone con ese bichillo lo irracional de sus argumentos. «Yo también soy capaz de hacerlo», «acuérdate de aquella vez que lo conseguí» o «no voy a permitir que vuelvas a hablarme así» pueden ser argumentos útiles en ese caso.
—Aprenda a valorar aquello que se le da bien. Habrá algo que se le dé mejor que a otra persona y algo en lo que no pueda competir. Es normal y no pasa nada. Lo importante es que tenga claros sus puntos fuertes, eso que hace muy bien y aquello de lo que se siente orgulloso.
—Compárese con usted mismo. Piense en cómo era hace x años, en lo que tenía, en lo que deseaba y en lo que ha conseguido. Valore si va por buen camino, si se gusta más que entonces y si se supera un poco cada día. Esa es la única comparación que le servirá para avanzar, todas las demás le estancan.
En definitiva, ponga su energía en lo que hace bien y en lo que quiere mejorar y deje de mirarle al ombligo del vecino. Le garantizo que él también tiene sus inseguridades.