Dos errores
Dicen que algunos animales son capaces de predecir un terremoto. Pues las bolsas igual, sólo que las bolsas están locas. Resulta entre desconcertante y absurda la caída histórica de los mercados europeos el mismo día que el ‘brexit’ gana el referéndum. A ver: sólo se han contabilizado los votos y se sabe quién ha ganado, pero muy posiblemente no antes de finales de año el resultado de ese referéndum llevará al que el que sea primer ministro de la Gran Bretaña a pedir oficialmente la salida de su país de la Unión Europea. Una vez hecha la petición formal —insisto en que no parece probable que sea antes de fin de año— viene toda la negociación entre las dos partes que durará al menos dos años en el mejor de los casos aunque nada de todos esto aparezca nítidamente explicado en los tratados de la UE. Pero, con un poco de sentido común, todos sabemos que llevar a cabo una decisión tan compleja se va a dilatar en el tiempo. ¿Por qué entonces este ataque de histeria de las bolsas? Lo he dicho: porque están locas, porque les encanta llamar la atención y sembrar el pánico y montarse un viernes negro para que luego, los más avispados, se marquen un lunes de resurrección. Pero allá quienes se asusten y vendan y allá las dichosas bolsas y sus absurdos comportamientos.
También el presidente en funciones pedía tranquilidad y serenidad a los españoles. Por mí que no se preocupe el señor Rajoy: estoy absolutamente sereno y tranquilo; en todo caso un poco perplejo al contemplar cómo un país antiguo y sabio como es la Gran Bretaña haya cometido una doble equivocación: la primera el señor Cameron que después de haber conseguido un trato de absoluto favor por parte de los 27 miembros restantes, decida, a pesar de todo, convocar un referéndum sobre algo cuyas consecuencias reales, son, de entrada, más imprevisibles y amenazadoras para los británicos que para el resto de los europeos y que podrían tener un alcance económico importante. Si yo supiera inglés, le escribiría una carta personal al señor Cameron con una expresión demasiado cheli para reproducirla aquí, algo así como «tío, las has ca...»