Diario de León

Una crisis internacional

El drama de ser refugiado

Un 60% de los asilados sufre «desórdenes mentales» por el sufrimiento vivido en sus países de origen y en su viaje hacia Europa

Detalle de un inmigrante a su llegada al puerto de Salerno.

Detalle de un inmigrante a su llegada al puerto de Salerno.

Publicado por
darío Menor
León

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Cuando los miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF) los encontraron, estaban muertos de miedo y no podían casi ni hablar por la impresión que les provocó el episodio que acababan de vivir. Los 209 inmigrantes y refugiados salvados en aguas del Mediterráneo central en la noche del miércoles habían visto morir a 22 de sus compañeros de viaje (21 mujeres y un hombre). Los rescatadores de MSF y de la ONG SOS Mediterranée hallaron los cadáveres en el fondo de una embarcación flotando en medio de un charco de combustible. Tuvieron un final horrible: al parecer los más débiles perecieron ahogados, chafados y asfixiados en la pugna con sus propios compañeros por salvar la vida. Los supervivientes consiguieron aguantar, pero quedaron marcados por esta y otras experiencias traumáticas de las que, en el mejor de los casos, tardarán tiempo en reponerse. Deberán además hacerlo probablemente solos, pues la asistencia psicológica que recibirán a su llegada a Europa resulta insuficiente e incompleta. MSF Italia ha documentado este preocupante y olvidado problema en el informe Traumas ignorados . Tras entrevistar a 387 personas entre julio de 2015 y el pasado mes de febrero en cuatro centros de acogida situados en diversas ciudades italianas, la ONG advierte de que el 60% de los inmigrantes y refugiados desembarcados en los puertos del sur del país sufre «desórdenes mentales» por las experiencias vividas en sus naciones de origen, durante la estancia de meses o años de espera en Libia en condiciones terribles y por el trauma posterior que supone el viaje a través del Canal de Sicilia hasta desembarcar en Italia.

Estos desequilibrios se ven agravados en el 87% de los casos debido a la insuficiente acogida que se les brinda a su llegada a Europa. «Los problemas más habituales son la depresión, la apatía y el síndrome de estés postraumático», explica Giorgia Girometti, responsable de comunicación de los proyectos en Italia de MSF. El último trastorno que cita es habitual en los soldados que van a la guerra o en aquellos que han pasado por situaciones terribles y para superarlo hay que echar mano de terapias continuadas, un lujo fuera del alcance de los desharrapados que cruzan el Mediterráneo.

«Si este trauma no se afronta, se desarrolla un problema secundario que puede llevar a un agravamiento de la depresión o a la psicosis. Hay muchísimos casos de insomnio y de ataques de pánico».

Tiempo en blanco

Los síntomas empeoran por las larguísimas esperas a las que tienen que hacer frente antes de saber si podrán beneficiarse del estatus de refugiado. Durante este tiempo en blanco estas personas se quedan con sus vidas suspendidas: no pueden trabajar y muchos pasan los días sin poder hacer casi nada. Sin trabajo ni hogar Eric conoce de primera mano algunos de los desórdenes mentales citados en el informe. Este ghanés de 20 años lleva varios meses en Roma intentando buscarse la vida por el centro de la ciudad con escaso éxito hasta el momento. «Estoy desesperado. Hice solo todo el viaje, que fue terrible y me llevó más de un año. Ahora tampoco tengo a nadie aquí y como lo que la gente me da. Es una situación muy deprimente. No puedo trabajar ni sé qué va a pasar con mi vida», cuenta visiblemente alicaído.

«Las noches las paso en una estación de trenes de las afueras, pero duermo fatal». Eric escapó sólo del hambre y de la miseria, no de la guerra. Entre quienes huyen de los tiros y las bombas los problemas mentales son mucho más graves. Desde hace tres meses trata de recuperarse de ellos el hijo de seis años de Wafa y de Osama, una de las familias de refugiados sirios que el papa llevó con él desde la isla griega de Lesbos hasta Roma. Al poco de llegar, la madre del crío contaba que lo había visto sonreír por primera vez: «En Lesbos se despertaba todas las noches, no era capaz de dormir. Y al inicio había dejado de hablar. Estaba ausente. No le dirigía la palabra ni siquiera a su hermana, que tiene ocho años e intentaba siempre jugar con él».

El hijo de Wafa y Osama cuenta con asistencia psicológica, por lo que es probable que consiga superar estos traumas. A la mayor parte de los inmigrantes y refugiados les ocurriría los mismo si tuvieran al lado un especialista que les escuchara. «No son trastornos irreversibles. El problema es que a estas personas no se les hace una evaluación psicológica cuando llegan. Podrían ser curadas pero acaban desarrollando traumas mucho más graves», lamenta Girometti. Pese a esta falta de asistencia que denuncia MSF, hay algunos centros que ofrecen atención psicológica a los refugiados.

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