La responsabilidad de la izquierda
Se está repitiendo hasta la saciedad que los desbarajustes que hoy vive Podemos es un problema de simple liderazgo personal, de celos, de traiciones, de bisoñez. Y todo puede ser verdad, pero no creo que sea sólo eso. En Podemos, desde siempre ha habido un problema de fondo que, en parte, puede que venga derivado de sus propios orígenes, el aula de una facultad con una pizarra en la que todo es posible. Podemos traía la frescura de la justa indignación frente a la vergüenza; traía la teoría de una sociedad más justa; Podemos se sabía la teoría de memoria pero nunca ha sido capaz de explicarnos de verdad cómo hacerla realidad. No voy a hablar de Venezuela como ejemplo porque sé que les molesta y es otra historia.
El caso es que estaban inundados de entusiasmo cuando llegaron al poder y al Congreso y su primera batalla fue la visibilidad; el gallinero que lo ocupen los parias. Y tenían razón, pero no deja de ser un síntoma. Engulleron a IU, que ya no pinta nada, y los que les acompañaron en la aventura empezaron a exigir independencia a la hora de decidir y gestionar. Luego llegó el capítulo de la cal viva y lo que hoy seguramente es el problema de fondo aunque lo encarnen dos personalidades: Podemos tiene que elegir entre estar en la calle con la gente que rodea el Congreso o estar en el Congreso rodeados por parte de la gente que les ha votado.
En resumen, al margen de la guerra de nombres, la cuestión es —simplificando mucho, claro— si lo que conviene es dar miedo (Iglesias) o dar amor (Errejón), estar fuera o estar dentro. Pero que nadie de derechas se congratule de esta situación. Esa izquierda que hoy se encuentra en un laberinto de muy difícil salida —tanto PSOE como Podemos— desangrándose cada día más y con un peor pronóstico para su recuperación, no sólo es importante en una democracia sino absolutamente necesaria. Ahí está la Historia para demostrarlo y tarde o temprano Europa y el capitalismo tocarán fondo. Es ahí donde una izquierda nueva, limpia y posible debe emerger otra vez para evitar las tentaciones extremistas. Ojalá se dieran cuenta los nombres que por encima de ellos están los pueblos, está el futuro de todos y no la gloria efímera y engañosa de unas primarias o de un congreso.