Marionetas

Alguna vez ha sentido miedo a que los demás dejen de quererle? ¿A que no aprueben lo que hace? ¿A que le critiquen? Si es así habrá dejado de ser usted mismo muchas veces, con tal de gustar a los demás.
La búsqueda de aprobación es una trampa sin fin. Puede que se manifieste en forma de hacer algo que no quiere hacer, de callarse sus opiniones, de no decir lo que le molesta, de aparentar ser quien no es… Sea como sea, es una falta de respeto a usted mismo que sólo le traerá rencor y culpa por sentir que se está traicionando una y otra vez.
Es curioso, pero en estos casos la falta de autoestima es la causa y a la vez la consecuencia. Porque si vivimos desde la necesidad de que nos quieran y nos acepten, por encima de la necesidad de ser nosotros mismos y tomar nuestras propias decisiones, nos convertimos en marionetas en manos de los demás. Y no hay amor propio que resista eso.
Y por supuesto que a todos nos gusta gustar, no vamos a negarlo. La diferencia es que, a pesar de ese deseo, esté viviendo su vida como usted quiere vivirla o la viva pensando en los demás más que en usted.
Son muchas las personas que piensan que para un adulto es absolutamente necesario tener el cariño y la aprobación de su familia y amigos. Recuerdo a una clienta que llevaba años quedando con sus amigas los sábados por la mañana. Hacía tiempo que no le apetecía, pero seguía yendo como una obligación que había que cumplir para evitar lo que esas amigas pudieran decir de ella si no iba. Hasta que se dio cuenta de que le estaba dando más importancia a la opinión que los demás tuvieran de ella que a la suya propia. Y por fin dejó de ir a la reunión de los sábados.
Todos, en algún momento, hacemos cosas para gustar a los demás. Pero cuando eso se repite día tras día, cuando enterramos nuestros deseos y nuestras necesidades por complacer a otros, terminamos viviendo vidas ajenas y carentes de ilusión. Porque nos falta amor propio y nos sobra mucho miedo. Y así, sin darnos cuenta, es como nos convertimos en marionetas.