Diario de León

La ‘desigualdad mala’

Se ha pedido sensibilidad social para preocuparse por el paro, la precariedad y la pobreza laboral de los jóvenes menores de 30 años

Publicado por
Antonio Papell
León

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Emilio Ontiveros hace referencia en un artículo reciente sobre la década perdida de la Eurozona a la llamada «desigualdad mala», a consecuencia de un crecimiento no suficientemente inclusivo, que incluso es detectada con alarma por el Fondo Monetario Internacional en sus informes. Simplificadamente, se entiende por ‘desigualdad mala’ aquella que proviene de la no igualdad de oportunidades en el origen. En nuestro país y en su contexto económico de la Eurozona, los jóvenes no tienen modo, ni aun esforzándose hasta el límite de sus fuerzas, de progresar personalmente, de lograr una instalación que les proporcione una renta aceptable y un mínimo de seguridad sobre la que edificar su proyecto vital. Y cita el mencionado economista el problema de los llamados ‘ni-nis’, jóvenes que ni estudian ni trabajan: según un informe del Eurostat, Young People in the EU: education and employment , en 2016 el 21,2% de los españoles con edades comprendidas entre 20 y 24 años no estaba empleado ni educándose, la proporción más alta de la Unión tras Italia y Grecia.

La situación del desempleo juvenil no mejora con la alegría con que lo hace (con las reservas cualitativas que se plantean con razón) el desempleo en su conjunto. La tasa española de prados menores de 25 años sigue siendo de las más altas de la UE, junto a las de Italia y Grecia, con un 39,2% registrado en junio, muy por encima de la media de los Veintiocho (16,7%) y de la eurozona (18,7%). Los países con menos desempleados jóvenes fueron Alemania (6,7%) Austria (8,4%) y Países Bajos (8,9%).

El pasado 13 de agosto, la presidenta del Consejo de la Juventud de España (que es un organismo oficial no un reducto de excéntricos protestones), Julia Chica Linares, pedía en el Día de la Juventud a las autoridades cierta sensibilidad social para «empezar a preocuparse» por el paro, la precariedad y la pobreza laboral de los jóvenes menores de 30 años, que representan el 30,3% de la población. Según dicha portavoz, a pesar de la anunciada recuperación económica, los datos siguen siendo alarmantes: la tasa de paro juvenil se sitúa en el 41 %, el 92 % de los nuevos contratos son temporales y el 38,2 % está en situación de pobreza o exclusión social. Antes de la crisis -ha añadido- había preocupación por la precariedad de los mileuristas, cuando ahora el salario medio en este tramo de edad es de 800 euros. La devaluaicón salarial, que ha sido general, ha perjudicado todavía más a los trabajadores ubicados en tramos de edad más jóvenes.

La lista de agravios es más larga, y la precariedad se visualiza fácilmente mediante un dato bien elocuente que también aporta Chica Lineares: «Solo uno de cada cinco jóvenes en España puede abandonar el hogar familiar (un 19,5 %), como consecuencia del paro, la precariedad, la mala calidad del empleo y el aumento de los precios de la vivienda en alquiler». El Consejo denuncia la inutilidad de las políticas aplicadas y va aún más allá al pedir que se tenga en cuenta a la población juvenil con el fin de evitar el ‘pinchazo’ de la ‘burbuja de bienestar social’ que, advierte, tendrá como consecuencia que ‘no se puedan pagar las pensiones y el colapso demográfico’.

Las consecuencias económicas de semejante situación, que tiene consecuencias de toda índole, incluso demográficas (es claro que la precariedad de la juventud no facilita precisamente el despegue de la natalidad) ya se han dicho: esta «desigualdad mala» perturba del desarrollo, reduce la productividad, etc. Pero también tiene efectos en el plano político: la falta de horizontes, la imposibilidad de emanciparse y diseñar un proyecto vital, la incertidumbre con respecto al futuro porque no es posible recorrer una carrera profesional conducen a los jóvenes a buscar soluciones fuera del sistema establecido y caen en brazos del populismo, que seguramente no es resolverá los problemas pero sí prestará oídos indignados a su postración. El descrédito de los partidos tradicionales engarza sin duda con esta situación.

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