CANTO RODADO
Avellanas de reus
quede tranquilo el buen español que boicotea a los productos catalanes hechos en españa porque ahora las avellanas de reus vienen de turquía

Antaño, los sindicatos anunciaban otoños calientes bajo la lluvia y el frío. Para reivindicar derechos o luchar contra la pérdida de empleo que trajeron las reconversiones industriales o para denunciar el bajo precio de la patata. Este año tenemos un otoño caliente por doble partida: hace un calor que no se recordaba y no podemos tener los ánimos más calientes.
Por no hablar, que sí voy a hablar, de la violencia que utilizó el Gobierno del PP para reprimir una votación cuyas papeletas, como dijo atinadamente un guardia civil leonés, no eran válidas. La violencia siempre es desproporcionada y desafortunada: Ha hecho desfilar a nuestra querida España como la vergüenza de Europa por la prensa internacional.
Rajoy contraatacó con el rey y Felipe VI salió en la tele en una mala noche en plan bravucón para exigir al Estado mano dura para ‘defender’ la Constitución, sin fijarse ni mucho, ni poco, ni nada en el derecho a la vivienda y el derecho al trabajo porque eso son nimiedades sin importancia.
La más larga
A nadie le importa ya el aumento del paro en León después del verano y menos aún lo que pasa en Murcia, donde la gente se manifiesta para que no les construyan un muro a costa del AVE. por no hablar de la piña que hicieron en el Congreso los partidos ‘constitucionalistas’ para defender unos sueldos desproporcionados y unos privilegios que casi son medievales. La corrupción ha pasado de ser la principal preocupación del país. Sólo importa Cataluña. Y al resto de España que le den. O sea, lo de siempre.
Ahora, lo que interesa es ver quién la tiene más larga. La tela de la bandera, digo. Al independentismo le responden con españolismo. «Primero la bandera española», dijo la señora abriéndose paso a codazos entre el puñado de leonesas y leoneses que salieron a pedir un espacio de diálogo frente a la crispación, un tiempo de escucha frente al monólogo enrocado de la sinrazón y un reconocimiento mutuo de todo lo que tenemos en común, empezando por la pérdida de derechos y de bienestar y rematando con la pluralidad de una nación que es tan diversa como las hermosas colchas, mantas y mantones con los que engalanan, palabra prestosa donde las haya, los carros leoneses de San Froilán.
La señora pidió perdón, pero, con sus modos groseros, con su autoritarismo físico, se colocó delante, como todos los que fueron a reventar la concentración. Flanquearon la puerta del Ayuntamiento como si fuera suya. Tal vez porque sienten que también las instituciones son solo suyas.
Los pendones
T odo muy medieval, mucho más que el mercado que estos días anima las calles de León y más aún que los pendones leoneses, convertidos en protagonistas de la romería que subió a La Virgen del Camino, un año más, en un tórrido y sofocante 5 de octubre. Olvidado su origen bélico (¿o no?), los pendones —que la tienen más larga que ninguna bandera, la tela— representan a cada pueblo o municipio con su colorido y diversidad. Como ese Camino de Santiago que nos atraviesa de este a oeste y de sur a norte.
Recordando a mamá y a papá, fui a comprar los perdones y me dijeron que las avellanas de Reus. «Pero no somos indepentistas, oiga», se justificó el vendedor de La Bañeza. Casi me pide perdón.
Quede tranquilo el ‘buen español’ que boicotea a los productos catalanes hechos en España y por españoles tan españoles como ellos porque las avellanas de Reus ahora vienen de Turquía, me aclara una leonesa que vive en Tarragona y parla catalán y castellano. ¿O es que Cataluña no es España?