Diario de León

Publicado por
Vanessa Carreño
León

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Conoce a alguien que se empeñe en tener la razón y no esté dispuesto a ceder nunca? Seguramente sí. ¿Y a usted? ¿Le pasa alguna vez? Es curioso como tendemos a ver la rigidez en el otro, pero no somos capaces de verla en nosotros mismos. ¿Rígido e inflexible yo? ¡Eso nunca! ¡El cabezota es él!

Lo cierto es que todos alguna vez queremos que el otro reconozca nuestra verdad, cambie su forma de pensar y se venga a la nuestra. Y todo porque creemos que tenemos la razón y que el que está equivocado es él.

¿Quiere saber dónde está el error? En que todos tenemos razón. Sí, nada es absolutamente cierto, más que en la mente de quien lo piensa. Todos tenemos la razón desde nuestro punto de vista, el problema es que intentamos imponer nuestro punto de vista a los demás. Y, cómo le escuché decir a alguien una vez, estaría bien que hubiera menos libros sobre cómo convencer al otro y más sobre cómo dejarte convencer. De hecho las personas evolucionamos y cambiamos de manera de pensar muchas veces a lo largo de nuestra vida. Y eso no significa que lo que pensábamos ayer haya dejado de ser válido, simplemente que hemos dejado de verlo así.

El problema, casi siempre, es que nos sentimos inseguros si no nos dan la razón. Como si uno valiera menos como persona por el hecho de que los demás no estén de acuerdo con él. Hasta el punto de que confundimos nuestra identidad con nuestras opiniones y si alguien cuestiona lo que pensamos lo tomamos como un ataque personal.

¿Se da cuenta de lo malo de necesitar tener razón? Entonces sea flexible, respete la verdad del otro y deje de reaccionar cuando alguien opina diferente. Sepa que el principal indicador de que uno está muy aferrado a sus ideas y poco dispuesto a cambiarlas es que le molesta que los demás opinen otra cosa. Así que pruebe a abrirse y a escuchar puntos de vista diferentes al suyo. Es una maravillosa manera de darse permiso para crecer y aprender. Y, sobre todo, no se tome la vida tan en serio como para sacrificar su paz interior por tener razón.

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