Diario de León
Publicado por
Vanessa Carreño
León

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Érase una vez un padre y un hijo que cada semana cruzaban la plaza del pueblo con su burro. Si el hijo iba sentado en el burro y el padre caminando, la gente decía que el hijo era un insensato. Si el padre iba subido en el burro y el hijo caminando, la gente decía que el padre era un desconsiderado con su pobre hijo. Si los dos iban montados en el burro, la gente decía que cómo podían maltratar así al pobre animal. Y si los dos iban caminando, los vecinos se reían de ellos por dejar que el burro fuera tan pancho sin ninguna carga sobre su lomo. Total, que el padre y el hijo estaban hartos.

Y este cuento tan gracioso es mucho más común de lo que se imagina. Porque son muchas las personas que se pasan la vida pensando en el qué dirán y necesitando que los demás aprueben todas sus decisiones. Y si a usted nunca le ha pasado esto, perdóneme que se lo diga, pero es un bicho raro.

Por ejemplo, recuerdo a una clienta que había perdido la ilusión por su trabajo. Llevaba tantos meses desmotivada que se estaba planteando dejarlo, pero cada vez que lo comentaba con alguien se encontraba con respuestas como «tú estás loca», «¡según están las cosas!», «¿sabes la de gente que mataría por tener ese trabajo?». Así que se convenció de que debía seguir, que la gente tenía razón y que dejar un empleo fijo era ser una inconsciente. Pero el tema empezó a afectarle a su estado de ánimo y empezó a deprimirse. ¿Y qué cree que pasó entonces? Pues que la gente empezó a decirle que lo que tenía que hacer era dejarlo, que no podía pasarlo tan mal por un trabajo y que seguro que pronto encontraba algo mejor.

¿Se da cuenta? Por un lado vamos por ahí opinando sobre la vida de todos, con lo bien que nos vendría no meternos donde no nos llaman. Y, por el otro, nos quejamos de que todo el mundo opina sobre la nuestra y de que, de tanto querer contentar a todos, terminamos haciendo lo que dicen los demás y no lo que nosotros queremos. ¿Ve qué panorama? Como para no estar hartos, señores, como para no estar hartos.

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