Renacer en el valle de sabero
Los míticos y camaleónicos playmóbil protagonizan la última exposición del Museo de la Minería y la Siderurgia de Castilla y León. Entibardores, artilleros y barrenistas de pequeño tamano recrean con precisión de cirujano un curioso recorrido por la historia del sector minero.

Vista general de la exposición que estará abierta al público hasta el próximo mes de junio.
La minería vuelve con fuerza a la cuenca de Sabero. Decenas de mineros se afanan en sus tareas con la misma rigurosidad y esfuerzo de siempre, como si nada hubiese pasado. De una enorme montaña salen varias vagonetas cargadas de negro carbón que arrastran mulas blancas, impolutas, sintiéndose protagonistas de una forma de transportar el mineral ya casi desaparecida. Tan antigua como el método que usan para arrancar el carbón los picadores, que unos metros por debajo, en lo más profundo de la montaña, trabajan a destajo, apurando rápido su jornada e iluminándose con obsoletas lámparas de carburo. Entre ambos, las vías del ferrocarril lo recorren todo, y una vieja locomotora, que desde luego no lo parece por su estupendo aspecto, circula veloz sobre ellas, dejando a su paso una mezcla de vapor de agua, humo y polvo de carbón que lo impregna todo.
El mismo tren se detiene en la estación, reabierta por lo visto después de tantos años, y allí suben, compartiendo vagones con el carbón y otras variadas mercancías, en lo que algunos llaman «el mixto», un nutrido grupo de personajes que representa a lo más granado de esta nueva sociedad minera que está naciendo. Al partir, una banda improvisada de músicos los despide.
Los ecos de su música animan a los esforzados mineros que se afanan por ser los primeros en el concurso de entibadores que hoy se celebra en el valle. El renacer de la mineria ha traído también la vuelta de este tipo de concursos de destreza en el trabajo y son varias las parejas que cortan y colocan madera con una precisión asombrosa.
Y precisa es también la jaula que sube y baja colgada del castillete roblonado que se erige en el centro de la cuenca. Solo arranca unos segundos después de que se escuche el ruido de una sirena y solo se detiene cuando está a la altura justa de la planta, ni un centímetro antes ni un centímetro después. Pero el milagro no es solo obra de este castillete, que compite en belleza con otros dos más que se reparten las concesiones de la cuenca, es fruto de los mineros meticulosos que manejan con cuidado los rodillos que enrollan y desenrollan el cable de la jaula en la sala de máquinas, un gran puesto de control desde el que se domina todo.
Hasta allí llega incluso el ruido de las enormes máquinas rozadoras, señal del alto nivel de mecanización de este nuevo pozo, y las explosiones controladas de los artilleros, una vez que los barrenistas han hecho bien su trabajo.
Junto a ellos, una espiral interminable de cintas transportadoras empuja el carbón a grandes tolvas y decenas de camiones se apresuran a cargarlo, levantando enormes polvaredas en el parque de carbones.
El mismo polvo que a duras penas sale de los poros de los mineros, a pesar de que como buenos compañeros han hecho en las duchas una fila para poder frotarse bien la espalda unos a otros. Hace unos minutos que han dejado sus lámparas en la lampistería para dar el relevo al nuevo turno, pero muchos desconocen que uno de ellos no ha salido en el grupo y ahora es una brigada de salvamento la que lo introduce en el botiquín de la empresa. Esperemos que no sea nada grave.
Hace años estos accidentes eran los motivos de las huelgas y las manifestaciones. Hoy todo ha mejorado pero aún podemos ver a un grupo de mineros, arengados por un líder sindical, bocadillo en mano, reclamando más tiempo para poder almorzar en el trabajo.
Una valla al final de todas estas instalaciones que han surgido en la cuenca rompe el paisaje industrial y da paso a la naturaleza. Tras ella, como no podía ser menos, un grupo de jubilados mineros, de aquellos que vieron el cierre prematuro del año 1991, observan la actividad y se preguntan si todo esto que ven con asombro no será un sueño.
REGRESO A LA INFANCIA
Y tal vez lo sea. ¿Cuántos millones de personas han soñado historias imposibles mientras colocaban, ponían voz o movían a unos pequeños seres articulados, de plástico duro, a veces inexpresivos y que sin embargo eran capaces de canalizar las mayores fantasías de sus dueños?
¿Cuantas generaciones de niños han vivido y aún viven otras vidas gracias a los míticos y camaleónicos playmobil?
Para ellos y también para todos los interesados en el trabajo minero, el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, ofrece a lo largo de los meses de abril, mayo y junio la exposición temporal Playmineros. La evolución de la mineria .
Un recorrido a lo largo de la historia del sector minero, protagonizado por varios centenares de muñecos playmobil, que a lo largo de un extenso diorama de más de diez metros de largo, recrean las escenas más representativas de este trabajo.
Toda una labor de artesanía, realizada por la empresa asturiana Casvali, que ha tenido que adaptar muchos de los playmobil originales para convertirlos en auténticos mineros españoles, dotando además de movimiento, luz y sonido buena parte de las escenas, lo que las hace muy amenas y divertidas especialmente para los más pequeños. El hecho de usar estos personajes de juegos infantiles no resta rigurosidad a la exposición, ya que como afirman desde el museo y la propia empresa, el diorama se ha realizado con el asesoramiento de expertos y trabajadores del carbón, con lo que cada escena responde fielmente a la realidad.
El diorama se completa con una colección de herramientas, lámparas, documentos y fotografias que apoyan el discurso de la muestra, cuyo principal objetivo es hacer llegar de un modo sencillo y en cierto medida divertido, la historia de la mineria y el trabajo del minero, a todos los niños, a «los que son por edad» y «al niño que todos llevamos dentro», dicen desde el museo.
La exposición, que para escolares ofrece una visita interactiva, está disponible de forma gratuita en horario de museo hasta finales del mes de junio.