Los nombres de León
Un historiador y profesor leonés radiografía a los leoneses y leonesas que merecieron una calle en la ciudad. Julián Villacorta actualiza el callejero leonés y rescata la memoria de quienes llevan su nombre en las calles en las que vivimos

Alguien alguna vez decidió que merecían una calle, tener su nombre en propiedad en una avenida, un paseo, un camino, una carretera, una glorieta, una cuesta, una glorieta, una pasarela, un paseo, una plaza, un polígono, una rinconada, una rotonda, una senda, un solar, una travesía o incluso un barrio. Su nombre se pronuncia todos los días y podría parecer que están muy vivos y, sin embargo, han pasado a ser unos perfectos desconocidos. Salvo excepciones, su historia se ha borrado de la memoria y sólo sobrevive su nombre, acompañado de un número y un piso. Pero, ¿quiénes fueron?
A ese empeño ha dedicado el profesor e investigador popular leonés Julián Villacorta veinte años. Todo comenzó como una anécdota cuando era profesor en el Colegio Leonés. Uno de sus alumnos se olvidó los deberes en casa y él le preguntó si vivía muy lejos. «En la calle Padre Isla», le respondió el crío. «Pues vete a por ellos», le instó. «¿Sabrás quién es el Padre Isla, ¿no?». Y no, no lo sabía. Villacorta, que es del mismo pueblo que José Francisco de Isla de la Torre y Rojo, de Vidanes, el Padre Isla, descubrió que su alumno no era la excepción. Y se lanzó a documentar a los hombres y mujeres que están en el callejero leonés.
Ha recogido ese trabajo en una página web (personasycallesleon.es), en donde explica los principales rasgos biográficos de quienes llevan el nombre de las calles de la ciudad, motivos suficientes para justificar tal honor… aunque no siempre.
«El único mérito del cardenal Landázuri fue presidir en León el VI Congreso Eucarístico en 1964, y tiene una calle», dice contundente Julián Villacorta Caballero.
Landázuri, que se paseó en coche descubierto por el centro de la ciudad y recibió todos los honores, estuvo apenas unas horas en León. Tiempo suficiente al parecer para merecer la dignidad de arrebatar el nombre a la Canóniga Vieja y a Guzmán el Bueno, que así se llamaba esta calle a la sombra de la Catedral y de la que cuentan que partió Galva con las legiones en su marcha hacia Roma para convertirse en emperador, la «calle del milagro», donde dice la leyenda que el cordón del Nazareno se enrrolló a la cintura de una niña y no había manera de soltarla. Su padre, según recogen las crónicas escritas, prometió entregarla a Dios si se obraba el milagro y así fue, la niña se «desencadenó» del cordón, salvó su vida y fue abadesa del convento de las Clarisas, en esa misma calle.
Que gran parte de la historia de una ciudad está plasmada en los rótulos de sus calles es evidente. Que «la subjetividad está presente», también, dice Julián Vilacorta. Y se pregunta: «¿Quién es más merecedor o menos de que su nombre quede plasmado en un rótulo? Si el pueblo llano tuviese parte activa en asignar el nombre a una vía pública, ¿la configuración mayoritaria del callejero, sería parecida?».
Y lo mismo que señala al cardenal Landázuri, pone nombre a quienes deberían estar y no lo están. Un pequeño listado que improvisa este hombre de larga memoria. «Deberían tener calle en León José María Fernández Catón, sacerdote doctor en arquitectura, gran investigador sobre diversos aspectos de la vida leonesa. Su labor investigadora en los archivos diocesanos ha sido imitada por otras diócesis españolas. Y Ángela Ruiz Robles, autora del Atlas científico gramatical y de la Enciclopedia mecánica, precursora del libro electrónico. O Piedad Alejandra Álvarez Rubio, primera taxista española a la que se conoció con el alias de La Peñina. Y por qué no, Catalina García, de Puebla de Lillo, que fue la primera mujer española en obtener el carnet de conducir, en 1925, y condujo el coche con matrícula LE 934».
Cita a tres mujeres frente a un hombre. Y no porque no haya quién lo merezca sino porque, apunta Villacorta, «la proporción de biografías de hombres es abrumadoramente superior a la de las mujeres en el callejero de la ciudad: 524 frente a 46», Y aporta otro dato: «Ponferrada sólo dedica 16 calles a mujeres».
El nombre que se da a las calles no ha estado ajeno a polémicas y rifirrafes políticos. «En el libro de sesiones del Ayuntamiento de León han quedado reflejadas más de una disputa entre ediles antes de conceder, denegar o eliminar el honor de que el nombre de alguien se perpetúe en una vía pública», explica el profesor.
«Pocos datos fehacientes hay de antes del siglo XIX sobre la decisión del Ayuntamiento de turno para conceder el honor de una vía pública a alguien. Un minucioso estudio de asignación de fechas lo llevó a cabo el Cronista Oficial de León Luis Pastrana Jiménez. Son reiterativas las fechas 1961 y, sobre todo, 1966 como años en que la Corporación Municipal acordó asignar, masivamente, nuevos nombres de calles», explica. Había un motivo: las fechas obedecen a la expansión de la ciudad con el nacimiento de nuevos barrios periféricos. «La Palomera, Ventas, Ejido, Pinilla… nuevos lugares para vivir en la ciudad cuando la mecanización del campo obligó a muchos leoneses a asentarse en la capital, en donde la industria y los servicios permitían acomodarse a un sueldo fijo», dice.
Antes, la elección de nombres para las nuevas calles se debió al Ensanche de León, en 1904, «con el que se pretendió ocupar los terrenos entre el casco viejo de la ciudad y ambas orillas del Bernesga para enlazarlos con un punto neurálgico, la estación del ferrocarril», o la llegada del tren en 1863.

Julián Villacorta trabajando en su casa de Vidanes.
«La ciudad se vertebraba, en gran medida, con la referencia del Paseo de las Negrillas, conocido desde entonces como avenida de Ordoño II. Ahora podemos hacer conjeturas sobre la configuración que tendría nuestra ciudad si se hubiera hecho entrar el tren por el oeste de Puente Castro, como se había pensado en primera instancia, y asentar la estación por la zona de San Pedro, al este de la Catedral, antes de proseguir hacia Galicia y Asturias. Este proyecto se desechó por ser más costoso que el que situaría la estación al oeste del Bernesga», cuenta.
Y explica también la rebelión de los ciudadanos leoneses, que históricamente se negaron a adoptar los nombres políticos que se dieron a la calle Ancha, que llamaron siempre así, incluso cuando era más estrecha. «Recuperó el nombre en las placas en 1998, aunque entre la ciudadanía nunca lo perdió, a pesar de que las placas consignasen, según épocas, un nombre diferente», añade. Uno de los nombres más antiguos con el que se la identificó fue Herrería de la Cruz aunque también se llamó calle de San Marcelo, calle del Cristo de la Victoria y, durante el régimen franquista, Generalísimo Franco.
La política intervino también en el callejero con la Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada por el leonés José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno.
«En octubre de 2009, el Ayuntamiento de León pidió al área de Historia de la Universidad de León elaborar un informe sobre el callejero del municipio para hacer efectivo el cumplimiento de la ley 52/2007, de 26 de diciembre, que propugna la retirada de elementos que supongan exaltación personal o colectiva de la sublevación militar de la Guerra Civil y la posterior dictadura. Ello implicará la sustitución paulatina de 28 nombres del callejero local», recuerda Julián Villacorta.
Los nombres del callejero desvelan además la historia de cómo fue la ciudad. Roa de la Vega, alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, dio un gran impulso a la ciudad entre 1925 y 1929. «La ciudad fue adquiriendo aires de urbe moderna. Dotó a León de vías amplias y de estructuras de evacuación de aguas residuales, hasta entonces inexistentes o muy deficitarias. Se acababa así con los ¡agua va! de infausto recuerdo hasta entonce, y se dio un notorio impulso a la acometida de agua en las casas», anota Julián Villacorta.
Pedro José Balanzátegui, que tiene plaza en León, impulsó el alumbrado público con luz eléctrica entre 1860 y 1870. Hasta entonces, las calles tenían por la noche luz a base de quinqués de petrólero y no en todas, sólo en los puntos neurálgicos. «En 1892 se dotó de alumbrado al Teatro Principal, donde ahora está el consistorio de San Marcelo, y a los jardines de San Francisco», apunta Villacorta Caballero.
El estudio de las calles leonesas desvela otras peculiaridades. «Aunque para muchos leoneses el centro neurálgico de la capital es la plaza de Santo Domingo, la numeración de las calles comienza en la Plaza Mayor, que en tiempos pasados se identificó como Plaza de San Martino y Plaza del pan». O que en león y provincia hay 1.237 vías públicas con nombres de santos, que San Roque tiene el récord, seguido de San Juan Bautista y San Pedro, que Santiago Apóstol sólo tiene una calle en el barrio del Egido y otra en Trobajo del Camino pese a que por León pasa el Camino de Santiago, que el trasiego de peregrinos justificaría otros nombres de santos en el callejero como San Gil, San Guisán, (Crisanto), San Mauricio, San Roque, San Cristóbal, San Esteban, San Pelayo, San Mamés, Santo Tirso, Marcial Pincerna (San Marcial de Limoges) y Santa Marina, procedente de Galicia. «La mayoría de estos nombres, no tuvieron nada que ver con León y a esta nómina hay que añadir los nombres de los santos más señeros de la Iglesia católica: San Pedro, San Juan Bautista, San Pablo, Santiago, Santo Tomás, San Vicente de Paul, San Francisco de Asís, los dos San Antonio, el abad (ermitaño en Egipto) y el de Padua, sin olvidar los nombres más significativos de los papas —santos o no— que rigieron los destinos de la Iglesia católica», añade Julián Villacorta.
Están luego otros personajes biografiados cuya identidad no es tan fácil de asignar. La Cuesta de Castañones —sobre la que hay un antiguo refrán que reza «Un amigo de León de la cuesta de Castañón» cuando dos hombres se estrechaban la mano— podría hacer referencia a multitud de leoneses que llevaban ese apellido pero en realidad hace referencia sólo a dos, de ahí el plural, a los nobles Antonio, jurisconsulto, y Fernando, regidor perpetuo de León y capitán de infantería en la Guerra de Cataluña, en 1642, apellidados Castañón y Villafañe. O Acerdiano de Saldaña, que antes se llamó la Travesía del Cine, un nombre genérico de los presbíteros que ostentaron este cargo eclesiástico, como diáconos principales, al servicio de la Catedral de León durante varios siglos y que Villacorta cree que podría asignarse también a Martín Fernández, «nombrado obispo de León por Sancho IV, notario de Fernando III y criado de Alfonso X que podía conceder indulgencias a los fieles a cambio de que aportasen de dinero para financiar las obras de la construcción de la Catedral de León bajo la dirección del maestro Enrique». Lo mismo ocurre con Reina Doña Sancha, que podría referirse a tres pero Villacorta se inclina por Sancha Alfónsez, Sancha de León o Sancha Iª de León, la legítima heredera del reino de León y no su consorte Fernando I, que ordenó junto a él la construcción de San Isidoro. O Cabeza de vaca, Ponce de León, los Quiñones de León o tantos condes y marqueses que reinan en el callejero.
Y aunque no son personajes, la calles de León llevan nombres curiosos como Escurial, que se refiere al lugar de escorias, de residuos metalúrgicos, Arvejal, que era terreno de titos arvejos, una especie de guisantes muy usados en la cocina leonesa, Arco de Ánimas, porque conducía al antiguo cementerio de San Antonio, Nevera, en el barrio de San Esteban, que hace referencia a un antiguo pozo de nieve, Rebollar, que era un terreno donde crecía el roble joven, o La Serna, un terreno apto para producir cereales. Las referencia a cal y carral, como el Carral de San Adrián que ahora se llama calle Dámaso Merino, es un término de reminiscencia judía que tiene aún la acepción en uso en León de pequeño tonel para acarrear vino aunque Villacorta se inclina porque hace referencia a una vía que fue transitada por carros.
Quedan las referencias a antiguos gremios, que en León, por lógica, están en las calles más antiguas de la ciudad. Su rastro se recorre aún entre Fajeros, Curtidores, Cuchilleros, Herreros, Entalladores, Labradores, Panaderos, Vidrieros, Serradores, Regidores, Bordadores, Cantareros, Zabachería… Cuenta Julián Villacorta que fue el cronista, periodista e historiador Ángel Suárez Ema —que tiene calle en León— quien propugnó que los nombres de esos gremios se mantuvieran en las calles en las que se asentaban aunque la mayoría de esas profesiones hayan ya desaparecido.
Aporta el profesor Julián Villacorta otros datos históricos que permiten apreciar el paso del tiempo sólo con leerlos. Como que en el siglo XXII el número de calles se ha multiplicado por más de diez y en 2020 había 785, 570 dedicadas a personajes, que la recogida de basuras se implantó en el primer tercio del siglo XX, que el tráfico rodado de vehículos a motor no causó problemas de circulación hasta bien mediado el siglo XX, que las señales de tráfico, los pasos de cebra y las aceras tuvieron que esperar a nediados del siglo pasado y el primer semáforo se colocó en 1962 en la confluencia entre la avenida de la Independencia y la plaza de Santo Domingo, que en 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial, sólo había en León 21 coches y que el primero, LE-1, matriculado en 1907, de la marca inglesa Darracq, refundada por los franceses como Talbot en 1905, perteneció al ciudadano francés Albert Laurin-Pagny, afincado en León, que regentaba una fundición y dirigió la masonería leonesa, que el primer —y por algún tiempo único— taxista de la ciudad fue Eulogio, que efectuaba sus carreras principalmente entre la estación del tren y la plaza de Santo Domingo, que en 1835 se creó la Mutua contra incendios, el servicio municipal público de bomberos en 1914 y se municipalizó oficialmente en 1920, que dejó mermada la Mutua contra incendios y tuvo su primera sede en la calle Julio del Campo hasta 1978, cuando se trasladó a su emplazamiento actual, en la avenida Sáenz de Miera, con el alcalde Óscar Rodríguez Cardet, o que la ciudad tuvo mobiliario urbano, como bancos, marquesinas en las paradas de bus, cabinas telefónicas, papeleras, jardineras a partir el último tercio del XX.
«Este trabajo pretende, a través de una reseña biográfica, aproximarnos al personaje que se ha hecho merecedor de que su nombre se perpetúe en el recuerdo de la ciudadanía. ¿No será este el mejor tributo que podemos rendir a la memoria de quienes, habiéndonos precedido en el tiempo, se distinguieron, por una u otra razón, en la sociedad que les tocó vivir?», dice Villacorta. «Son los nombres de carácter local o provincial los más propensos a perderse en la niebla de los tiempos, con el paso de los años, pues sus datos biográficos son escasos, poco fiables y a veces inexistentes», añade.
Nada mejor para conocer quiénes fueron que poniendo su nombre en el buscador creado por Julián Villacorta en una página llena de historia: personasycallesleon.es. Para descubrir quiénes son los leoneses y leonesas que viven con nosotros en nuestra calle.