Buscadores leoneses de estelas
Tres investigadores de la Universidad de León crean una herramienta para predecir cuándo dejarán los aviones su huella en el cielo. El modelo, único, tiene usos para la aviación y la defensa

José Luis Sánchez, Roberto Weigand y Alba F. Castro observan el 13 de marzo las estelas desde la terraza del IMA, el Instituto de Medio Ambiente y Cambio Global de la ULE, en la calle de La Serna.
Estaba con su nieta y una cesta recolectando fresas en un vivero muy cerca de la cabecera de pista del aeropuerto de Barajas cuando un avión dibujó una gran estela en el cielo. Abuelo y nieta contemplaron maravillados la línea blanca, perfecta, definida, marcada sobre el azul de un día despejado y cómo se iba diluyendo. El autor: un Boeing 737 que hacía la ruta París-Casablanca. Todo habría quedado ahí si no fuera por otra coincidencia. Al llegar a León, una alumna, Alba Fornieles Castro, le pidió que dirigiera su trabajo de fin de máster. Sobre las estelas.
Y así fue como el profesor emérito de la ULE y catedrático de Física de la Universidad de León, la estudiante de Ingeniería Aeroespacial y Laura Sánchez Muñoz, ingeniera aeronáutica que desempeña sus funciones en el Inta, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, y es especialista en certificación y seguridad de los vuelos, se embarcaron en una investigación que nadie hasta ahora ha abordado. Tres millones de horas al ordenador, manejado por Roberto Weigand al frente de los cálculos, para crear una herramienta que permita predecir cuándo se van a producir las estelas que dejan los aviones en el cielo. De día y a veces durante las noches analizando millones de datos, a solas en un laboratorio del IMA, el Instituto de Medio Ambiente y Cambio Global de la Universidad de León, en la calle de La Serna, acompañados por una caja de bombones como ‘combustible’ y una colonia de gatos campando tranquilamente a sus anchas por el jardín y el aparcamiento del centro de investigación de la Universidad.
Será un disgusto para los conspiracionistas y los difusores de bulos pero no, no nos están fumigando. Quién le iba a decir a tres científicos que en pleno siglo XXI iban a tener que defender los conocimientos de la ciencia frente a la desinformación y los bulos, la evidencia empírica frente al auge del negacionismo, la desinformación y la polarización que todo lo tiñe. Sánchez, los dos, y Laura F. Castro, como el resto de la comunidad científica, saben hace mucho ya por qué se forman las estelas, que son sólo vapor de agua que dejan los motores de los aviones. Pero faltaba saber cuándo, predecir su formación, anticiparse antes de que una aeronave despegue y emprenda el vuelo.
Durante meses cruzaron datos, rastrearon información pública sobre meteorología, radiosondeos, modelos climáticos, se hicieron decenas de preguntas, se rompieron la cabeza. Buscaban crear una herramienta predictiva, un modelo que predijera cuándo, la formación, la visibilidad y la duración de las estelas, si iban a ser o no persistentes, las dos categorías en las que se clasifican, su densidad y las condiciones meteorológicas en las que pueden aparecer. Y que se pudiera aplicar a todo el mundo, un conocimiento global para el globo. Una lucha en el tiempo contra el ‘parámetro G6’, una especie de incógnita en todas sus operaciones matemáticas y de microfísica que ocultaba la clave para dar con su eureka.
Ciencia mirando a los cielos. Y a los aviones. Porque descubrieron que las estelas están directamente relacionadas con el tipo de carburante que utiliza cada compañía aérea, un galimatías que lograron desembrollar.

José Luis Sánchez y Alba F. Castro en el laboratorio de la Universidad de León
La combustión y el vapor de agua trazan una huella que se acaba evaporando pero mientras lo hace y no, señala la posición de un avión. La investigación desarrollada por José Luis Sánchez, Alba F. Castro y Laura Sánchez tiene un uso directo en aviación y defensa. Un instrumento de uso militar. La herramienta desarrollada por este investigador de la ULE, la ingeniera del Inta especialista en certificación de aeronaves y seguridad en los vuelos que es además hija suya, y la alumna brillante de Aeroespacial de la ULE permitirá a los aviones encontrar la altitud para camuflarse y escapar de los radares enemigos.
Descubrieron además que el calentamiento global y el uso biológico de combustibles acelerará la aparición de las estelas y que las persistentes, las que se extienden entre 8 y 10 kilómetros tras la cola de un avión, serán cada vez más habituales.

Laura Sánchez Muñoz se hace un selfi con estelas que los aviones han dejado en el cielo.
A 40 bajo cero, a 30.000 pies de altura, en verano cuando no está ‘seca’ la atmósfera, en invierno con los días despejados… las claves de navegación para un avión que no quiere ser visto, que podrá escapar de las interferencias de un radar pero no puede evitar dejar su señal en el cielo.
En la guerra y en la paz. Así en el cielo como en la tierra, hecho desde la Universidad de León. Por tres científicos leoneses buscadores de estelas.