El caso Pinochet
|||| ¿Si, pero tras su negativa de extradición se puede decir que el caso está cerrado y sin esperanza de un juicio digno que satisfaga a las partes más damnificadas? El caso de Pinochet es uno de los más flagrantes de justicia internacional. El hecho de que una persona como el señor Pinochet no esté respondiendo de los crímenes que se produjeron bajo su gobierno es una muestra de que algo está fallando y de que todavía en Chile hay un sentimiento pinochetista fuerte. Pienso que lo que se ha hecho en estos diez años sencillamente es una especie como de administración de una herencia, de la herencia pinochetista, por llamarla de alguna manera. Al fin y al cabo la idea misma del Golpe no la tuvo Pinochet. Pinochet fue atrapado a última hora, eso vino mucho antes de la mano de un sistema que aparece muy campante dominando el mundo. El descontento campa por numerosos lugares de la tierra. En el mundo hay manifestaciones del descontento: Seattle, es un ejemplo. Creo que más pronto o más tarde la revolución vendrá. No creo en la revolución clásica, no se trata de la repetición del asalto al palacio de invierno, y no será un partido exclusivo, no serán los comunistas solos, sino que esa revolución vendrá desde lo más profundo de la sociedad que asume las desigualdades y las discriminaciones que se dan por doquier. En estos momentos ha resurgido en Chile la fuerza del pinochetismo, de aquellos que cometieron todos los crímenes y se presentan ahora como los campeones de la anticorrupción, en circunstancias que se llevaron al país a la destrucción especialmente a través de las privatizaciones. Pero esa es la herencia que aún nos toca administrar y nos tocará resolver. -¿En qué modo marcó su vida la dictadura militar? -Creo que no fue mi vida sólo sino la de muchos chilenos. Desde luego yo tuve que vivir quince años en el exilio que de alguna manera marcaron mi vida. A mi modo intenté, a través de la radio cambiar la situación en Chile, denunciando a la dictadura desde mi puesto. Para mí significó un cambio violento, como para todos los chilenos, pero no significó el desarme moral, bajar los brazos, recluirme en el silencio o en la desesperación, porque nunca la tuve, porque no forma parte de mi temperamento, fue un acicate más para esforzarme en que este capítulo negro de la historia de Chile terminara cuanto antes. -¿Existe todavía el miedo a la represión en Chile? -No hay represión hay falta de justicia. El miedo en la sociedad existe todavía y aunque yo no lo tenga hay personas que si lo tienen y no desaparecerá fácilmente. El gobierno todavía está sometido a los grandes poderes que nacieron con la dictadura. Se necesita más libertad y un parlamento que recupere los valores humanos para volver a hacer de Chile lo antaño que fue. -Estos día se esta celebrando en Bolivia la Cumbre iberoamericana donde se hace un llamamiento a los pueblos no alienados para que contribuyan con su ayuda al resurgimiento de Latinoamérica ¿cree que estas cumbres tienen un verdadero significado? -No cabe duda de que son importantes. El hecho de que se celebren no deja de tener su significado de cara a una búsqueda de soluciones para los países latinoamericanos. Se intente buscar esa unidad al estilo a la Unión Europea por la que siempre han soñado. Un sueño que era también el de Bolívar. Los pueblos latinoamericanos deben tener su autodeterminación, deben ser ellos mismos quienes sean los dueños de sus destinos y no estén sometidos al poder extranjero que les zarandea a conveniencia de sus intereses económicos, políticos o militares.