Diario de León

«Kit» de supervivencia para estar a la moda real

Real como la boda misma es una tienda que al más puro estilo del merchandising futbolero ofrece todo sobre el enlace. La pareja cabe hasta en un mechero.

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PACHO RODRÍGUEZ | texto BENITO ORDÓÑEZ | fotos
León

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P ilar de Borbón, hermana del rey, también estuvo allí. Se llevó una jarra adornada con sus dos sobrinos, por cierto. Es la tienda conmemorativa de la boda real. Así se presenta a tiro de piedra de la Almudena, a la vuelta de la esquina de Bailén con la calle Mayor. El próximo enlace roza la euforia en los escaparates cargados de souvenirs y la oferta recorre hasta el extremo todos los gustos. En la Plaza Mayor, Puerta del Sol o tiendas de todo pelaje la pareja aparece cuando uno menos se la espera. Pero la palma se la lleva el local de la calle Mayor. Hay otras tiendas pero están en esta. Loles León, la actriz, también pasó por allí, como un buen número de famosos y aristócratas que han recorrido los estantes para llevarse un recuerdo en algunos casos insólito. Loles, escondida para que todo el mundo la viera, al final se llevó un mechero, uno de los productos más solicitados. En muchos casos, la retahíla es la misma: «No, si es un encargo...», explican a las agotadas dependientas que están asistiendo a un cursillo acelerado de situaciones variopintas. «Todo el día hay periodistas y los fines de semana la tienda se abarrota completamente. Después del 11-M bajó un poco», explica una de ellas. Pero ya subió. Los dedales, a dos euros, son otro recurso muy socorrido para demostrar que también estuvo allí. Todo se vende. También para usar puesto en un dedo existe el anillo de pedida que cuesta 15.000 euros pero que nadie ha comprado. Sí, en cambio, la réplica, que cuesta 550 euros y se vende como rosquillas del tamaño de un anular. La tienda tiene precios de todo tipo y la visita toda la ciudad. Un republicano pacífico pasó delante y dijo: «Esto es una vergüenza. Lo digo fuera y lo digo dentro». Y entró y lo dijo. Hasta para eso vale esta tienda que es parte popular de la boda y que abrió para la ocasión. Un discreto empresario avistó el negocio. Las demás también venden lo suyo, pero la famosa es la conmemorativa. Que un hombre tomó un taxi al otro extremo de Madrid y solicitó a secas: «A la tienda conmemorativa». Y allí le llevaron. Y allí iba a cumplir unos encargos.

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