Decoración clásica
En la planta baja y ondeando al viento la enseña principesca se habilita el vestíbulo, la sala de espera, biblioteca, salón y comedor, sala de estar, etcétera. Lo más llamativo es el despacho, recinto casi sagrado por su función, decorado con joyas como un Chillida, mapas o un retrato paterno. En el salón, con chimenea y amplios ventanales, destacan un Sorolla y obras de Brambilla o de Juan Hernández. La primera planta es el espacio para dormitorios, aunque no falta un despacho auxiliar y una buhardilla. La decoración de las estancias es clásica, aunque la nueva inquilina dejará su sello personal en breve. La vivienda se completa con un semisótano para el servicio, así como una finca en la que no falta la piscina y unos jardines diseñados por María Medina, donde los encinares, y los rincones acuáticos suavizan la proximidad de la capital.