REPON
En el extremo de la sencillez en la cocina
El Mesón del Románico ofrece una estupenda cocina basada en la calidad de los productos

CUEVAS
||||La primera sorpresa del visitante al entrar en el Mesón del Románico, es su esmerada decoración, absolutamente minimalista y de muy bellas líneas, a semejanza de los sencillos y hermosos interiores japoneses. Desde luego nada que ver con el nombre del establecimiento que, según nos cuentan, es un homenaje al cercano San Isidoro. En un espacio luminoso y acogedor se desarrolla el trabajo diario de tres enormes profesionales que viven para la hostelería desde hace muchos años. Su aprendizaje lo realizaron en Casa Pozo, de donde se trajeron algunas cosas, como el fabuloso guiso de morcillo, que hacen fabulosamente. Antonio Martínez en la cocina y Cándido Muñiz y Javier Ceballos en el comedor han conseguido en los tres años que lleva abierto el restaurante, cultivar una clientela entregada a su sencilla y muy gratificante cocina y a su esmeradísima atención. Aquí tenemos una buena muestra de una manera de entender la cocina que nada tiene que ver con las complicadas elaboraciones a las que nos ha acostumbrado la cocina actual. En el Mesón del Románico los productos, estupendamente seleccionados por cierto, se muestran en todo su valor, sin apenas añadirles nada, con solamente el tratamiento necesario para que muestren sus mejores cualidades. Y eso es también muy difícil. Comentaba un música que el instrumento más difícil de tocar es el que tiene menos elementos, y también conseguir dejar satisfechos a los exigentes comensales de un restaurante de categoría empleando tan pocas mimbres, es todo un ejercicio de virtuosismo. Así nos encontramos para comenzar el menú que nos han sugerido, con unas cebollas rellenas que exceden cualquier comentario, a pesar de tener solamente tres ingredientes cocidos y apoyados en un sencillísimo pisto. Bien pues el resultado es un cuadro perfectamente construido, una pintura realizada con pinceladas de gustos diferentes mezclados con singular acierto. Para repetir. Lo mismo sucede con las Delicias de rape, simples rodajitas del singular pescado hechas a la romana y adornadas con un poco de ensalada del tiempo. Pero ¡como se disfruta del sabor del rape y de su textura y de su jugosidad!. Esta vez no repetimos porque hay que pensar en el siguiente plato. Solomillo a la plancha, así sin más... pero también sin menos. Hay que estar muy seguros de la calidad de la carne que se sirve para no tener que adornarla con ninguna salsa que queso o pimienta que disimule carencias. Y aquí lo sirven así con unas modestas patatas fritas y unos pimientos del Bierzo adornando su excelencia. Sólo para carnívoros entusiastas. Y en el postre otro apunte a la sencillez. Una yemas de chocolate sin otro decorado. Unas bolitas no demasiado atractivas que solamente cuentan sus virtudes cuando comienzan a deshacerse deliciosamente en la boca. Es el triunfo de la calidad en los ingredientes, de los sabores primarios, de la sencillez llevada hasta virtud. La carta del Mesón del Románico nos presenta Alubiones con matanza, Paella de marisco, Arroz con bogavante, Cochinillo y Lechazo asados, Almejas a la marinera, Revueltos, Puerros de Sahagún, Congrio y Bacalao al ajo arriero, merluza guisada con marisco, Mollejas de ternera a la plancha... toda una panoplia de platos sencillos y apetitosos. El establecimiento tiene un menú del día, con ocho primeros y ocho segundos platos, por 15 euros. Su bodega es muy extensa deteniendose especialmente en los caldos de La Rioja, pero no olvidando los leoneses, con unos precios que no asustan a nadie.