León se reconcilia con su pasado
El plan director de la muralla romana y las cercas medievales tendrá como preámbulo estudios e investigaciones arqueológicas e históricas que dilatarán la redacción definitiva de las actuaciones de conservación durante al menos dos años

NORBERTO
Un día histórico para la ciudad de León. Así calificó la concejala de Patrimonio del Ayuntamiento de León la jornada del pasado jueves, cuando por primera vez se reunieron en el Consistorio técnicos de las administraciones central, autonómica y local, con el objetivo claro de sentar las bases para la elaboración de un plan director para la muralla romana y las cercas medievales. Y lo hicieron con una partida presupuestaria inicial ya consignada entre las inversiones que el Gobierno realizará el próximo año en la provincia: 500.000 euros para acometer a lo largo del 2005 las reparaciones más urgentes en la muralla, y para realizar los estudios e investigaciones que permitan llevar a cabo un plan director integral, cuyo objetivo está mucho más allá del corto plazo de las urgencias del monumento. La muralla romana necesita intervenciones inmediatas para salvar de la ruina algunos de sus tramos más deteriorados, pero se trata a la vez de huir de actuaciones precipitadas que puedan chocar contra los principios de conservación que se marquen en este proyecto de conservación. A partir de ahora el legado romano y medieval contará con criterios claros de intervención; pero además será una pieza engranada en la vida de la ciudad, en su desarrollo y en su actividad. Durante siglos los muros de piedra que guardaron aquellos primeros asentamientos locales han sido un obstáculo para el desenvolvimiento urbano de la ciudad, a partir de ahora integración será la palabra clave a la hora de interpretar la muralla dentro del entorno en el que se encuentra. Durante décadas la muralla que protegió el campamento romano, y las cercas que más tarde arroparon el crecimiento de la ciudad en la Edad Media, han sido unas veces objeto de desprecio tal que se destruyeron sin empacho cuando las necesidades urbanísticas lo requerían; otras motivo de pelea entre las administraciones, bien por la propiedad del monumento, bien por las competencias para acometer las inversiones que requería su cuidado. El resultado de tanto abandono ha sido una situación lamentable de buena parte de su estructura, varias actuaciones aisladas (algunas muy poco del gusto de los expertos) y un lastre económico que no se ha querido asumir. Una actitud que dista mucho de la de aquellas otras ciudades que entendieron a tiempo que los restos de los antiguos recintos amurallados son un potencial a conservar y explotar adecuadamente. Un tiempo prudente Las primeras decisiones del comité de técnicos que desde el Ministerio de Cultura, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento marcarán, ahora con trazo firme, el futuro de las actuaciones de la muralla están determinadas en principio por la prudencia. Según destaca la concejala de Patrimonio, antes de decidir cómo actuar se llevarán a cabo varios estudios en profundidad, porque el plan director necesita sobre todo una documentación exhaustiva. Y, por extraño que parezca, las murallas romanas no han sido estudiadas hasta el momento con la rigurosidad que al parecer requieren. Los expertos de Cultura han solicitado igualmente una abundante información no sólo histórica y arqueológica, sino práctica sobre la ciudad (urbanismo, población, perfil industrial,...). Otro de los puntos que será necesario revisar es el Plan Espacial de Actuación del Casco Histórico, que junto con el Plan General de Ordenación Urbana deberá incluir un tratamiento «en el que la muralla queda imbricada en la ciudad, y para cualquier desarrollo se tiene que contar con ella». A partir de la obtención de estos informes, los técnicos trabajan con un calendario de dos o tres años para redactar el plan de actuaciones. El Ayuntamiento tendrá en este proceso el papel de entidad promotora, y seleccionará tanto al equipo que realice el estudio histórico y artístico como al que elabore después en plan director. «Serán personas que conozcan bien la muralla, y que tengan experiencia en este tipo de procesos», señala la concejala, que no descarta contar con especialistas que ya han realizado trabajos sobre la estructura en anteriores ocasiones, aunque prefiere no dar nombres todavía. Plan de actuación A partir de este momento los estudios a realizar para poner en marcha las actuaciones se centrarán en tres líneas fundamentales: la realización de una planimetría definitiva sobre las cercas y las murallas; el análisis histórico y arqueológico y la determinación de la situación jurídica de la muralla, para determinar finalmente que toda ella es propiedad del Estado. En el caso del estudio histórico y arqueológico, en principio las investigaciones se centrarán en los restos ubicados en la Era del Moro, ya que en opinión de los especialistas esta zona ha conseguido preservar con mayor integridad las características originales de las murallas. Así se podrán establecer definitivamente las características de las primeras murallas que rodearon la Legio VI Victrix, las de cantería que la cerraron más tarde; y las que circundaron después el campamento de la Legio VII Gemina. Pero no todas las partes de la muralla podrán esperar hasta que el plan director esté claramente definido para ser objeto de restauración. Los tramos considerados como de urgente actuación se centran en tres zonas: los cubos de las Clarisas, el lienzo de la calle Carreras y la zona del arco de la cárcel. Además, se consideran puntos débiles de la muralla la torre de San Isidoro, la del Archivo Histórico, la Torre de Don Ponce, las cercas medievales o el Torreón del Conde Luna. En peligro La concejala de Patrimonio no oculta su preocupación por el peligro que supone el deterioro en algunas de estas zonas débiles de la muralla, como el palomar del convento de las Clarisas, sobre uno de los cubos, que acaba de sufrir nuevos desprendimientos. «Instalaremos cuanto antes andamios, para evitar sobre todo que se puedan producir daños personales», señala Evelia Fernández. Pero también se muestra especialmente cauta a la hora de definir qué tipo de actuaciones se pueden realizar en estas zonas cuyo tratamiento requiere no poca premura. «No nos vamos a dedicar a hacer parches, simplemente aportaremos, de la mano de los expertos, una solución provisional». Se trata de evitar alguna obra que más tarde pueda ser considerada inadecuada por los especialistas que redactarán el plan director. «Los más fácil sería desmontar la torre y volver a montarla, pero los criterios rehabilitadores no van por ahí. Además, esta forma de actuar destrozaría rastros y pistas que pueden ser muy valiosos para los arqueólogos. Intentaremos sólo asegurar las piezas, evitar peligros y esperar el dictamen definitivo». Para acometer las obras de emergencia se cuenta con parte del presupuesto dotado en las cuentas públicas del país para el próximo año. Los expertos han cifrado el coste de estos retoques de emergencia en 333.000 euros, concretamente para el tramo de la Plaza del Espolón y la carretera de los Cubos. Unas obras que se ejecutarán seguramente a principios del año que viene. Restaurar, pero con un enorme respeto, es el objetivo fijado para este proyecto que ahora da por fin sus primeros pasos. «No se trata de reconstruir lo que se ha perdido, ni de rehacer lo que se está cayendo». Los expertos coinciden actualmente en que este tipo de actuaciones realmente adulteran el valor de los monumentos. Simplemente, no son reales. Lo perdido, perdido está. Ahora se trata de conservar lo mejor posible lo que queda de aquel pasado de la ciudad. Conservar para recordar, pero también conservar para vivir. Habitar con la muralla, no de espaldas a ella. Por eso, uno de los objetivos del plan director será hacer el monumento visitable y paseable en el tramo que sea posible. Que leoneses y visitantes puedan pisar y tocar los restos centenarios, y que las piedras vuelvan a ser parte de la vida ciudadana. Otras ciudades lo han conseguido. Así, más allá de los análisis técnicos e históricos; más allá de los métodos de rehabilitación y conservación; más allá de las fórmulas para librar a las piedras de la vegetación que las reconcome por dentro, el punto de mira de los especialistas que elaborarán el deseado plan director está marcado por un espíritu de reconciliación. El de la ciudad con sus piedras. El de los ciudadanos con su pasado. El de León con su patrimonio. Y el del futuro con el potencial que supone un reclamo como el de un origen romano que, aunque oculto en su mayor parte, emerge con desesperada resistencia entre la maraña que ha generado la evolución y el desarrollo para reclamar sus derechos en la población actual. Un pasado romano y medieval que se niega a ceder ante el ahogo del olvido y el abandono. El plan director es, así, un tratado de paz y convivencia. León y sus murallas, de aquí en adelante.