Con los Murphy de Dublín
La prestigiosa revista «The Economist» sostiene que Irlanda es el país del mundo donde mejor se vive. Un periodista de La Voz ha convivido durante una semana con una familia de Dublín, donde pudo conocer una Irlanda próspera en la que, sin emba
Mary Murphy, apellidada como la cerveza que compite en fama con la Guiness, tiene 65 años y un marido hemipléjico debido a un accidente vascular sufrido a finales de los noventa. La pensión que Edward cobra como taxista jubilado da el dinero justo para llegar a final de mes, pues, como la propia Mary asegura, la sanidad pública no ofrece cobertura con garantías y han tenido que contratar un seguro privado, así que desde hace tres años alquilan las habitaciones vacías de su vivienda dublinesa, situada en el periférico pero coqueto barrio de Churchtown, a estudiantes extranjeros que llegan a Irlanda en tropel para aprender inglés. Doscientos euros a la semana, con desayuno y cena incluidos, permiten disfrutar de una modesta habitación con vistas al pequeño jardín trasero. La historia de Mary y Edward refleja la situación que se vive en la isla que tantas veces ha sido comparada con Galicia y que otras tantas es observada con envidia mientras en el finisterre atlántico intentamos copiar su modelo socioeconómico: Irlanda es ahora mismo un país en el que los servicios públicos están en franca decadencia mientras el libre mercado se abre camino con mayor o menor fortuna y los precios, especialmente los de la vivienda, se han disparado hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional ya ha alertado de los riesgos existentes. 1397124194 Menos gasto público No sólo la sanidad ha recortado su presupuesto. En la enseñanza, por ejemplo, el abismo de calidad entre los centros públicos y privados es cada vez más grande. «Actualmente, si quieres que tu chico tenga una buena educación tienes que mandarlo a un colegio de pago», advierte Mary, madre de cinco hijos ya mayores y cuyos nietos van a centros privados. Davis, uno de los hijos de Mary que ronda los 40 años, es economista y gana algo más de 38.000 euros anuales, lo que le permite vivir en una amplia casa adosada cercana al centro de la ciudad, hacer dos viajes de vacaciones al año y conducir un Toyota ranchera. Davis siempre estudió a costa del erario público: «Ahora eso es imposible, sobre todo si quieres una educación laica», explica Davis, mientras su esposa, Barbara, le da el biberón al bebé de siete meses y el hijo mayor juega con su Tamagochi. Barbara es inglesa, de Kent. Conoció a Davis en un viaje a Grecia y se mudó a Dublín. «Prefiero vivir aquí que en Inglaterra, es más alegre, aunque de vez en cuando regreso para ver a mi familia», comenta ella. Esta pareja simboliza la cara positiva de la realidad irlandesa. U2 no canta en gaélico La situación geográfica de Irlanda, entre Gran Bretaña y Estados Unidos, y un idioma común abre las puertas de mercados que de otro modo los irlandeses tendrían prácticamente cerrados. Davis reconoce que U2, el famoso grupo liderado por Bono, sería una banda desconocida si no tuviese el trampolín de la cultura anglosajona. Por decirlo sin rodeos: U2 canta en inglés, no en gaélico. Es la misma razón por la que el hermano mayor de Davis, aprovechando el lobby irlandés de Estados Unidos, pudo estudiar arquitectura en Nueva York y ahora ejerce de cotizado diseñador en Manhattan: «Paul siempre dice que allí su valor es el mismo que el que tuvo su último trabajo, pero gana una fortuna y no quiere saber nada de regresar para establecerse en Irlanda», precisa Davis. Las que sí se han afincado en la isla son numerosas empresas norteamericanas, en especial del sector de la informática, aprovechando la ventaja del idioma común y la política de bajos impuestos que ofrece el Gobierno isleño. Pero todo tiene sus peajes. Cerca del hogar de los Murphy están terminando de construir el centro comercial más grande de Irlanda, en el que, aparte de las inevitables tiendas del grupo Inditex, la presencia de cadenas estadounidenses es abrumadora. Irlanda también recibe cada año la visita de miles de norteamericanos atraídos por la cultura que el pequeño país ha sabido rentabilizar al máximo mediante el cine y la literatura. La Catedral de León o San Isidoro no tienen nada que envidiar, por ejemplo, al Trinity Collegue, pero en este último se han rodado últimamente películas como Una mente maravillosa o The italian job , lo que le da un valor añadido como reclamo turístico. Tábaco: Lo que nos espera La prohibición de fumar en todos los locales públicos, incluidos restaurantes, cafeterías y pubs, entró en vigor en Irlanda el pasado mes de marzo. La polémica que provocó esta ley se ha ido enfriando y los fumadores se conforman con disfrutar de su vicio en el único espacio público en el que todavía pueden hacerlo: la calle. El paisaje urbano irlandés tiene de un tiempo a esta parte nuevos personajes, agrupados en pequeños corrillos a las puertas de las oficinas o de los bares, apurando un pitillo porque prefieren pasar un poco de frío a pagar los tres mil euros de multa que tendrían que abonar en el caso de ser pillados «in fraganti» con el cigarro en un lugar prohibido. El Gobierno irlandés, que ha fijado el precio del tabaco rubio en 6,40 euros (el doble que en España), confía en erradicar o reducir el tabaquismo en unos quince años. Esta situación comenzará a ser cotidiana en España a partir del próximo mes de enero, pese a que ha levantado las críticas en diversos sectores, especialmente el hostelero. Los bares y restaurantes perderán 1.600 millones de euros y 20.000 empleos con la ley antitabaco, según señaló esta misma semana un portavoz de la Federación Española de Hostelería. Este sector, según la misma fuente, registrará una merma de entre el 8% y el 10% en su cifra de negocio: «No exageramos las pérdidas, la norma afectará a unos 68.000 establecimientos, porque la gente dejará de acudir si no se puede fumar», subrayó el portavoz.