MARGA CARRERAS | TRABAJADORA SEXUAL
«Soy menos hipócrita de prostituta que de camarera»
Marga Carreras tiene 41 años, es madre de una niña de siete y actualmente combina el trabajo de camarera en un hotel de cinco estrellas con la prostitución, a la que se dedica desde hace 20 años. Vivió y ejerció la mayor parte de su vida en el Barrio Chino, hoy conocido por Raval. Colabora con el sindicato de trabajadoras del sexo y con Licit, organización catalana que da apoyo a las trabajadoras sexuales y que lucha por la regulación del sector. -¿Qué razones te llevaron a ejercer el trabajo sexual? -Tenía una amiga que trabajaba de prostituta. Decidí comprarme un piso y con los sueldos maravillosos que dan en este país no me llegaba para nada, así que opté por un trabajo que me proporcionaba más libertad y dinero. -¿En qué diferencias una ocupación y otra? -No las diferencio. Aunque considero que soy menos hipócrita cuando ejerzo la prostitución que cuando trabajo en el hotel, no tengo que guardar tanto la compostura y las formas. Y la prostitución también tiene la ventaja de que si a mí no me va bien hacer determinado trabajo, no lo hago. Eso sí, sacas muchos más beneficios económicos trabajando de prostituta. -¿Cómo has vivido la transformación del Barrio Chino en el reformado barrio del Raval? -Debido al mobbing que hay y al interés inmobiliario del alcalde en convertirlo en un barrio moderno y supercaro, se ha deformado un barrio de gente obrera de toda la vida y donde nosotras podíamos trabajar. Ahora ejercemos en peores condiciones; nos han cerrado los bares y los hoteles por horas, por lo que tenemos que estar más tiempo en la calle. La gente del barrio estaba conforme con lo que se hacía en él, el barrio siempre ha vivido de las mujeres que trabajaban. -Ha habido varias medidas municipales en contra de la prostitución. ¿Cuáles crees que han sido las consecuencias? -Lo que están intentando hacer es esconderlo para que no se vea. Y lo que no se ve, no existe. Pero sucede lo contrario a lo que dicen defender: cuanta más clandestinidad tiene algo, más impunidad hay para cometer delitos o abusos como la trata de blancas o la prostitución de menores. -¿Alguna vez has entrado en contacto con las mafias de explotación sexual? -Las mafias trabajan más en los clubes que en la calle. Yo siempre he trabajado por libre. Normalmente en un espacio abierto tú puedes correr. Pero en el club estás encerrada e incomunicada, y si encima te retiran el pasaporte o no tienes papeles como les sucede a muchos inmigrantes, corres el riesgo de ser agredida y violada. Además, si denuncian, la policía abre un expediente de expulsión y para cuando se celebre el juicio, ya no están en el país.