«Antes no teníamos ni la mitad de lo que tienen ellos»
|||| Marcos tiene 9 años y, por edad, es todo un tween . Son las siete de la tarde y en el televisor de su casa la Play Station va a toda mecha. «Hoy es un día especial», aclara su madre, Begoña Queijeiro, que abre la puerta del domicilio familiar en el municipio coruñés de Cambre. Marcos es el típico niño de su edad: los juguetes tecnológicos son sus preferidos, utiliza el ordenador -va a clases de informática, de hecho- y consume revistas específicamente pensadas para él. Eso sí, no tiene teléfono móvil. Sus padres, de momento, se niegan. «Desde luego antes no teníamos la mitad de las cosas que tienen ellos -constata Begoña-, pero los padres tenemos que poner los límites». Dentro de esos límites se encuentra el móvil y los horarios de utilización de la Play, que conceden sentido a la explicación que Begoña nos ha ofrecido al recibirnos en su casa cuando nos advirtió que la consola está en marcha un jueves por la tarde para que el fotógrafo pueda retratar la realidad de Marcos. Una realidad que comparte con sus compañeros de generación y que condiciona el tipo de ocio que practican. «Le compras muchas cosas porque las tienen sus amigos. Si sus amigos tienen algo, lo normal es que él también lo tenga», dice Begoña, quien defiende la responsabilidad que tienen los padres para liberar a sus hijos del «bombardeo» constante al que se ven sometidos para que consuman y consuman. Marcos acude a un colegio en el que tienen prohibida la entrada de consolas y maquinitas, aunque la tentación de muchos de tweens es dejar constancia, quizás inconsciente, de su estatus a través de sus juguetes. Ocurrió este curso en un colegio de La Coruña que llegó a remitir una carta a los padres para que los niños dejaran de acudir a clases con MP3, i-Pod, cámaras de fotos digitales y PSP que estaban creando «importantes distorsiones» en la actividad académica del centro.