¿Quién vela por la seguridad?
|||| El accidente de Coristanco, las sospechas sobre si en la pirotecnia se almacenaban productos que no debían estar allí, la forma en que habrían sido transportados, plantean cuestiones decisivas sobre las medidas de seguridad que rodean a este tipo de instalaciones. El documento para esclarecer cualquier duda es el reglamento de explosivos de 1998, que deja en manos del Estado todas las actividades relacionadas con explosivos, cartuchería y artificios pirotécnicos. La normativa contiene toda una serie de estrictas obligaciones que cualquier negocio del ramo debe observar. Desde distancias mínimas con respecto a viviendas y núcleos habitados, hasta límites específicos para el almacenamiento y la producción. El problema es que, en demasiadas ocasiones, el urbanismo descontrolado coloniza los alrededores de una pirotecnia que, en el momento de su apertura, hace treinta, cuarenta o cincuenta años, era una isla solitaria. La actividad siempre es autorizada por el Ministerio de Industria, que ha inspeccionar las instalaciones dos veces al año a través de la Delegación del Gobierno. La Guardia Civil debe estar al tanto de los movimientos de material, que el empresario está obligado a detallar en un libro de registro. Los agentes pueden llevar a cabo tantas comprobaciones como sean necesarias. Y el transporte por carretera exige una guía de circulación, un vehículo preparado y la licencia de transporte de mercancías peligrosas.