La marea blanca
Miles de esquiadores convierten cada temporada a San Isidro en centro de peregrinación en busca de acción y emoción

JESÚS F. SALVADORES
Menos mal que un frente frío se acordó de la Cordillera Cantábrica y logró salvar una temporada que ya parecía condenada al fracaso. El temporal de nieve permitió reabrir San Isidro el último fin de semana de enero para tranquilidad de los nervios de miles de amantes del deporte blanco, ansiosos en la mayoría de los casos de estrenar una campaña, que no pudieron disfrutar en el corto periodo que durante diciembre el enclave invernal permaneció abierto. El espacio blanco del Alto Porma, con buenos espesores de nieve y prácticamente todas sus pistas abiertas, se ve colapsado por una marea blanca dispuesta a todo por deslizarse por las laderas de sus cuatro sectores: Salencias, Cebolledo, Riopinos y Requejines. Más de cuarenta minutos de espera en los remontes, interminables colas para coger el autobús o pedir un café, pistas atestadas y peligro de colisión son algunos de los inconvenientes que los usuarios deben sufrir para disfrutar de las tablas, si sólo pueden acudir a San Isidro los sábados y domingos. El complejo invernal no está preparado para acoger tal multitud de visitantes. Sus equipamientos deben mejorar sensiblemente si aspira a ser una estación de referencia en el conjunto del país. Cuenta con un plan director, que prevé la inversión de 40 millones de euros en un horizonte de seis años, pero la cuestión será la financiación. Más pistas, remontes y cañones de nieve son el objetivo. La inminente inauguración de la segunda estación de esquí del Principado, Fuentes de Invierno, podrá aliviar en buena parte el colapso que sufre San Isidro. Son vecinas y estarán unidas la temporada que viene por un remonte, además los usuarios podrán utilizar un forfait común. Un lugar de encuentro de leoneses y asturianos, con otro punto de unión en su larga historia de coincidencias.