Diario de León
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León

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La imagen creada por el cine y los medios de comunicación nos lleva a ver a las personas con autismo como niños introvertidos llenos de tics o discapacitados geniales a imagen y semejanza de Rayman. La realidad es muy distinta. Los autistas también crecen y no es habitual que desarrollen habilidades especiales. Cada caso es diferente y sus peculiaridades están relacionadas con el tipo de dolencia que padecen. Películas como Rayman, donde Dustin Hoffman interpreta a un autista tipo Savant con una sorprendente capacidad de cálculo, hasta el punto de predecir dónde se van a parar las ruletas en los casinos, o Mercury Rising, en la que la prodigiosa memoria de un niño autista le permite descifrar un código secreto de la CIA, pueden crear la impresión de que las personas con TEA son seres que compensan su discapacidad con habilidades excepcionales. Sin embargo, los genios no son frecuentes en el autismo. A Laureano Bermúdez, presidente de la asociación de padres Os Mecos, le molestan estas visiones simplificadoras. «Creo que hacen mucho daño porque no transmiten una imagen adecuada de las graves discapacidades que conlleva el autismo», asegura. Por su parte, Josefa Rodríguez no cree que tener un don o una habilidad especial compense el alto grado de discapacidad que conlleva el autismo: «¿De qué vale que una personas pueda hacer muy bien una cosa determinada si luego no es capaz de ducharse, o de vestirse solo o lavarse los dientes?». Existen, no obstante, excepciones notables, también en Galicia, como es el caso de Yolanda Manrique, una de las residentes de la Fundación Menela. Cuando llegó de Alemania en 1981, Yolanda presentaba un cuadro de autismo muy profundo, que se veía agravado por sus problemas de visión y de oído. Los médicos llegaron a pensar que no se podía hacer nada más por ella, sin embargo, al ingresar en la Fundación Menela comenzó a evolucionar a pasos agigantados. «Observamos que tenía la manía de hacer círculos y le proporcionábamos papel y lápiz. Después incorporamos fotografías para que las copiara y empezó a hacer unas interpretaciones muy originales», recuerda Cipriano Jiménez, director de la Fundación Menela.

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