Diario de León
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ÁNGELA RODICIO | texto
León

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|||| Cada vez que atravesaba en Bagdad el puente de al Sarafiya, mis acompañantes locales se enorgullecían de él. Recordaban cómo el mismo estudio de Gustave Eiffel lo había diseñado y uno de sus discípulos, construido. Era un símbolo de progreso de la capital, que gracias a la estructura metálica iba a contar con un ferrocarril que uniría el norte con el sur. A los kurdos del norte, con los chiíes del sur, pasando por los suníes del centro. Al Qaida ha reivindicado las explosiones que hundieron el nexo sobre el Tigris entre el barrio de Waziriyah, de población mayoritariamente suní, con el de Utafiyah, chií. Otro sueño roto. Al Qaida, la base, reivindicó la acción, lo mismo que el otro mensaje, en forma de kamikaze, el mismo jueves, en la cafetería del Parlamento de Irak. El suicida esperó a hallarse frente a Taha al Liheibi, diputado suní, mediador clave entre la insurgencia y el Gobierno para deponer las armas y entrar a formar parte del proceso político. Al Qaida no quiere negociar. A los «traidores» que negocian los espera la muerte. «El clima de frustración, de marginación, desesperación, injusticia, autoritarismo, violación de derechos fundamentales, proporciona el caldo de cultivo para que crezca la semilla del terrorismo», se leía en el editorial del diario argelino El Jabar después de los atentados del miércoles. Al Qaida en el Magreb tiene como misión servir de puente a la organización terrorista, imbricada en sociedades frustradas, marginadas... para expandir su influencia desde Jerusalén a Al Ándalus, como proclama. Desde el Mashreq árabe, el levante, al Magreb árabe, el norte de África, se ha declarado una nueva fase de su guerra de terror a la guerra al terror de Bush. Desde Túnez a Mauritania crece una nueva generación de aspirantes al martirio. De jóvenes que no parecen tener que perder. Dispuestos a unirse, como predica Bin Laden, «a la caravana de combatientes en la carretera que lleva a Dios». Desde Marruecos a Mauritania, pasando por Túnez, Argelia, Níger, Mali... A la vecina Europa. Un trayecto para el que no sirven los puentes.

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