El universo presume de incógnitas
El reciente choque entre galaxias es sólo una milésima parte de los misterios que genera el cosmos y que no llegan a trascender al público
H ay mucho por descubrir más allá de donde alcanzan los ojos. Mientras en la Tierra la agencia espacial estadounidense, la Nasa, se aplica para no convertirse en una fuente de noticias rosa -astronautas sospechosos de beber antes de sus salidas, problemas de celos entre alguna tripulación...- sus máquinas siguen mostrando hallazgos sorprendentes. Es la prueba fidedigna de que hay mucho por explorar. «Lo que tenemos ahí arriba no es una lona negra con puntitos, es el universo», opina Jose Ángel Docobo, responsable del observatorio astronómico de la Universidade de Santiago. Esta misma semana la comunidad internacional se sorprendió con unas imágenes del telescopio espacial vinculado a la Nasa Spitzer : la fusión, tras un choque brutal, de cuatro galaxias, tres de ellas al menos tan grandes como la Vía Láctea; la cuarta, tres veces mayor. De resultas de ese impacto saldrá, en unos cien millones de años, una galaxia en la que cabrían diez como aquella en la que se encuentra la Tierra. Sucedió a miles de años luz, en la constelación de la Osa Mayor. Este tipo de eventos no son excepcionales en el espacio, pero nunca se habían dado de tal magnitud, y menos, habían podido ser registrados. Se espera, por ejemplo, que la propia Vía Láctea impacte con su vecina Andrómeda, aunque habrá que aguardar varios miles de años. La gravedad «Es como vehículos chocando», detalló, de manera muy visual, uno de los investigadores que contempló la secuencia. El motivo de tan cruel atracción es la gravedad. Durante esa colisión se esparcen decenas de estrellas que, al cabo, terminarán dentro de la propia galaxia. «Con la tecnología que hay ahora, y sólo viendo los avances que hubo en el siglo XX, es posible que los descubrimientos nos hagan revisar alguno de los planteamientos científicos actuales», cree el propio Docobo. Hasta el principio de gravitación, vigente desde el siglo XVII. El mismo telescopio que captó, de forma accidental, ese fenómeno ha deparado en los últimos días imágenes sorprendentes. El Spitzer , que se lanzó hace justo cuatro años y un mes al espacio y que puede trabajar a temperaturas inferiores a los 200 grados, mostró cómo a 150 años luz de la Tierra hay sistemas con múltiples estrellas, caso del conocido HD 98800, con movimientos giratorios desconocidos hasta ahora. Un nombre igual de codificado que el anterior acaban de dar los científicos para nombrar a un gigante del espacio. Lo han dado en llamar TrES-4 y consiste en el mayor exoplaneta -de fuera del sistema solar- observado hasta la fecha. Es un 70% mayor que Júpiter, que es el planeta próximo de mayores dimensiones; y con radio hasta 18 veces superior a la Tierra. Sin embargo se da otra paradoja, esas que hacen saltar a los científicos: su densidad es tan baja que si fuera posible meterlo en una piscina, flotaría. Es decir, está como hinchado, un principio que a los científicos les vale para entender mejor lo que sucede en las inmediaciones de la Tierra. Está a unos 1.400 años luz de aquí y se mueve muy cerca de su estrella. Su nombre viene dado de que es el cuarto planeta hallado por una red internacional de telescopios en la que participa el de Canarias. La carrera por saber más no cesa. La Nasa, mientras, sigue con sus experimentos. Acaba de propulsar una misión al cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter para explorar los dos más grandes, donde esperan llegar al fondo de los inicios del sistema solar. Para saber, por ejemplo, el comportamiento de un agujero negro en la galaxia que actúa, ejemplifican los científicos, como una piraña: ya ha devorado un millón de soles.