En busca del arca... y mucho más
Juan Gómez-Jurado, autor del superventas «Contrato con Dios» que tiene el arca de la Alianza en el fondo del argumento, dibuja en este reportaje un apasionante viaje a través de la historia en busca de los restos arqueológicos de los objetos mí
A lo largo de los siglos, el creyente ha buscado con ahínco las huellas de Dios. Pero no lo ha hecho mirando al cielo, sino al suelo, con pico y pala. Y este viaje arranca con dos mujeres de armas tomar, una gallega y otra romana. La primera arqueóloga de la civilización judeocristiana fue la emperatriz Helena, la madre de Constantino, quien en el año 312 viajó a Jerusalén con el objetivo de hallar la cruz de Cristo. Sus fuentes de información fueron poco ortodoxas, ya que aplicó el tercer grado a cuanto erudito judío pudieron encontrar sus soldados, y finalmente dio con el emplazamiento del monte Calvario, el lugar donde Jesús fue crucificado. Mandó demoler el templo de Venus que se alzaba sobre el monte y excavar el lugar hasta encontrar tres cruces. Como nadie fue capaz de distinguir sobre cuál era sobre la que había muerto el Mesías, trajeron el cadáver de uno de sus acompañantes, que había muerto durante el viaje, y lo colocaron sobre cada una de las cruces. Al tocar la tercera, el muerto resucitó. Al menos eso es lo que cuenta la tradición, y en este caso la fuente que ha llegado hasta nosotros la tenemos muy cercana. Egeria, una monja gallega, peregrinó en el 380 hasta Jerusalén, y contó cómo Helena halló la cruz y cómo esta era venerada por los peregrinos en un manuscrito de incalculable valor histórico. Egeria tiene el honor de haberse convertido en la primera periodista de la historia, aunque sus crónicas tuvieran forma epistolar, dirigidas a las hermanas de su comunidad monástica. Durante la Edad Media este anhelo se convirtió en una locura colectiva que en última instancia sería el motor económico de múltiples ciudades. Santiago de Compostela no se hubiera convertido en un referente mundial sin los huesos del Apóstol. Cientos de peregrinos acudían a los lugares con reliquia, dejando buenos reales en el viaje. Catedrales y grandes diócesis competían entre sí por poseer una. Desde el meñique de un santo hasta un pedazo de la vera cruz. Supuestos pedazos del madero aparecían por todas partes, hasta el punto de que Erasmo de Róterdam bromeaba diciendo que si los juntaran todos se podría botar un barco. Saltemos unos cientos de años hasta el presente. En un mundo laico como el que vivimos, podríamos pensar que los objetos míticos cobran un significado diferente, puramente histórico o cultural. Nada más lejos de la realidad. En una cena con psiquiatras criminalistas del FBI en Washington, uno de ellos me comentó de pasada que existía en las agencias de seguridad americanas (el FBI, la CIA, la NSA) un protocolo secreto de actuación para el hipotético caso de que los judíos encontrasen el arca de la Alianza. «Su descubrimiento -decía- supondría el inicio de un efecto dominó que podría llevar en pocos años a la tercera guerra mundial». Aquellas palabras me calaron hondo, hasta el punto de convertirse en el germen de mi segunda novela. Pero más allá de la literatura, declaraciones como esta indican la enorme importancia que continúan teniendo determinados objetos a nivel religioso e incluso sociopolítico. Pasemos a analizar algunos de ellos. El arca de la Alianza Qué es: La madre de todas las reliquias. Contiene los diez mandamientos, la vara de Moisés y un frasco con el maná que Dios envió a los judíos en el desierto. Fabricada al pie del monte Sinaí durante el Éxodo -los historiadores la sitúan alrededor del 1500 antes de Cristo- estaba hecha de madera negra de acacia recubierta de oro, siguiendo las instrucciones específicas de Dios a Moisés. Esas órdenes se recogen en la Biblia, que conserva más de 234 referencias al arca. Quién la busca: Anualmente se organizan varias expediciones arqueológicas, algunas de ellas con presupuestos millonarios. El más famoso de sus buscadores es Vendyl Jones, que lleva seis décadas consagrado a la tarea y que incluso ha anunciado en más de una ocasión que estaba a pocas semanas de conseguirlo. Hace cinco años desenterró en una cueva una vasija de aceite ceremonial que todos los historiadores del mundo han coincidido en señalar como perteneciente al ajuar que acompañaba al arca. Dónde se busca: Jordania, las afueras de Jerusalén y el monte Nebo son los lugares donde más activamente se ha seguido su rastro. Posibilidades de encontrarla: Pocas. En las últimas semanas ha crecido la esperanza de la comunidad arqueológica tras el descubrimiento bajo el suelo del templo de Jerusalén de un túnel por el que los judíos pudieron salvar el arca del asedio romano del año 70. En la ficción: Steven Spielberg la popularizó en la primera de las aventuras de Indiana Jones, en 1978. La tumba de Jesús ¿Qué es?: El lugar que el Vaticano jamás querría que se encontrase. El Nuevo Testamento afirma rotundamente que Jesús resucitó y que su cuerpo ascendió a los cielos. ¿Quién la busca?: La Autoridad de Antigüedades de Israel, una agencia del Gobierno israelí, se dedica a ello con entusiasmo despreocupado. Sus actividades no han estado exentas de polémica en esta y otras tareas. Una práctica habitual en ellos es, al detectar cualquier vestigio arqueológico de presencia palestina, desmantelarlo hasta los cimientos para arañar «legitimidad territorial». ¿Dónde se busca?: En el subsuelo de Jerusalén oeste, donde cada vez que se emprende un proyecto de construcción los primeros meses la obra pertenece a los arqueólogos. En 1980, durante uno de estos proyectos, apareció una tumba marcada como «Yeshua bar Yeshoef» (Jesús, hijo de José). Posibilidades de encontrarla: Muy escasas. Dejando de lado la controversia religiosa, el nombre de Jesús era muy común en aquella época. En la ficción: Ha sido objeto de películas como El Cuerpo, protagonizada por Antonio Banderas, y de un polémico documental producido por James Cameron. La Vera Cruz ¿Qué es?: El lignum crucis, la mítica cruz en la que murió Jesús, existió. Sin embargo no era una cruz, sino un madero transversal que se colocaba sobre los hombros. ¿Quién la busca?: Jesuitas, coptos, ortodoxos y todo aquel grupo católico que lleve más de un par de siglos afincado en Jerusalén ha emprendido o mantiene estudios y excavaciones en busca del símbolo religioso más conocido del planeta. ¿Dónde se busca?: En el Gólgota (en arameo, lugar de las calaveras) o monte Calvario, una pequeña elevación lejos de la antigua muralla. Dónde está es algo que aún no ha quedado claro. Los últimos estudios aseguran que el lugar que histórica -y turísticamente- se ha considerado como el Calvario está a unos trescientos metros del lugar real. Posibilidades de encontrarla: Nulas. Las crucifixiones de aquella época eran realizadas de manera efímera, ya que parte del castigo consistía en que el condenado cargase con un madero transversal desde el que se le colgaba en una estructura con forma de andamio. Tras la muerte del reo el madero iba a parar a una pila esperando al siguiente cliente. En la ficción: Miles de leyendas han alimentado su historia. En el 2006 el nieto de Albert Camus, David, escribió un interesante bestseller sobre el tema titulado Caballeros de la Vera Cruz. El santo grial ¿Qué es?: La copa que recogió la sangre de Cristo durante la crucifixión y que fue entregada a José de Arimatea, un hombre acomodado que era bien recibido en el círculo íntimo de Jesús. La Biblia dice que José de Arimatea fue quien cedió la tumba vacía en la que Jesús fue enterrado y de la que después resucitó. ¿Quién la busca?: Desde el rey Arturo hasta Alfonso el Magnánimo. Los arqueólogos franceses han elaborado más de 1.500 libros y 100.000 tesis doctorales sobre el grial y su forma más probable. ¿Dónde se busca?: Fundamentalmente en las páginas de viejos manuscritos, ya que no hay más referentes donde buscar. La figura de José de Arimatea se ha probado como real e histórica. Posibilidades de encontrarla: Nulas. La tradición española asegura que en 1424 el grial fue encontrado por Alfonso el Magnánimo y entregado al cabildo de la catedral de Valencia, donde es venerado por miles de fieles cada año. En la ficción: Probablemente el objeto mitológico más conocido de la cultura occidental, ha sido el centro de las leyendas artúricas y desde entonces ha estado presente en el imaginario colectivo. En la literatura actual, una teoría sobre el grial de sangre fue la inspiración de El código Da Vinci. En el cine, de nuevo Spielberg, de nuevo Indiana Jones. El arqueólogo del látigo y el sombrero, acompañado por su padre, se enfrentó a los nazis para encontrarlo en Indiana Jones y la Última Cruzada (1989). La Menorah ¿Qué es?: El candelabro de siete brazos y de oro puro, descrito en la Biblia (Éxodo 25, 31-40) y, al igual que el arca de la Alianza, encargado a Moisés por Dios. Su diseño tan particular, el más conocido como símbolo de la tradición judía además de la estrella de David, se debe a los siete cuerpos celestiales conocidos en el año 1500 antes de Cristo. ¿Quién la busca?: Todas las entidades judías con intereses arqueológicos, algunas de manera desesperada. La Menorah es un objeto esencial para la restauración del templo de Jerusalén, y la restauración del templo es esencial para los judíos. De sus más de doscientos mandamientos, casi setenta hacen referencia al templo. ¿Dónde se busca?: Fundamentalmente en dos lugares. Uno, el subsuelo del segundo templo de Salomón, cuajado de galerías derruidas o inexploradas. Y dos, en una caja fuerte en los sótanos del Vaticano. Posibilidades de encontrarla: Muy elevadas. Hay constancia histórica de que la Menorah pasó al tesoro del Vaticano, y el Gobierno de Israel se la ha requerido en numerosas ocasiones al papado. En la ficción: El enigma de Cambises de Paul Sussman (2005).