Tasas por contaminar
|||| La entrada en vigor de la nueva política tributaria pretende ser un aliciente para el usuario. También para los constructores que, forzados a reajustar sus productos para cumplir los imperativos medioambientales, se quejan de la excesiva presión fiscal a la que se ven sometidos tanto ellos como sus clientes. Una declaración de ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Coches) señala que «los impuestos que se pagan con el llenado de un único depósito de combustible resulta ya suficientes para costear la reforestación necesaria para que todo el CO2 emitido por un vehículo, a lo largo de un año, sea absorbido por cultivos y bosques». Con todo, según un estudio encargado por FACONAUTO (Asociación de Concesionarios Españoles), este nuevo incentivo fiscal contribuirá a fomentar «algo» las ventas esta próxima temporada y a recortar el CO2 en otro 5%. A partir de «pasado mañana», este muy próximo uno de enero, los vehículos a motor van a liquidar cuatro porcentajes diferentes, establecido en función de sus emisiones de dióxido de carbono: Exentos del impuesto: Coches que produzcan menos de 120 gramos de CO2 por kilómetro. Impuesto del 4,75%: Coches que originen entre 121 y 160 gramos. Impuesto del 9,75%: Coches que originen entre 161 y 200 gramos. Impuesto del 14,75%: Coches que superen los 200 gramos de CO 2 por kilómetro. Los quads y las motos acuáticas soportarán el máximo tipo impositivo. ¿Quiere esto decir que los modelos eximidos ensucian menos? Sí, aunque tampoco necesariamente. Sólo significa que, nada más salir de fábrica, acreditan un «poder» contaminante concreto. Aunque dicho valor óptimo homologado puede verse después alterado por factores externos, como un agresivo estilo de conducción o un deficiente mantenimiento del vehículo. En la actualidad existe hasta medio centenar de propuestas de automóviles, la mayoría con motores de gasóleo, que cumplen este requisito y están libres del impuesto. Consecuencia: el nuevo sistema impositivo va a traer aparejado un leve ahorro en las tasas para buena parte de los automóviles en catálogo. Casi todas las versiones de los modelos favoritos del público -salvo las más potentes y minoritarias- verán reducido su tipo de cotización, que pasará del 7% al 4,75%; situación en la que hallan la mayoría de los turbodiesel y gasolina de gama media y baja. Los límites en los niveles de CO 2 tolerados son tan estrictos que excluyen a bastantes modelos, de uno u otro tramo, por un estrecho margen. Hay casos en los que uno o dos gramos de más impiden acceder al 4,75% o quedar exento del impuesto. Lo que, se supone, hará proliferar «reinterpretaciones» de mecánicas conocidas, y afinadas, para recortar un poco sus emisiones y acceder así a un tipo fiscal menos oneroso.