Siempre nos quedará París
La Concejalía de Juventud ha puesto en marcha por primera vez un conjunto de viajes en módulo familiar. El primer destino elegido fue París y contó con la participación de una decena de familias y varias parejas que disfrutaron de una semana in
Como viene siendo habitual en el período estival, la Concejalía de Juventud pone en marcha una serie de viajes y excursiones destinados a los jóvenes de entre 18 y 35 años. Sin embargo, este año han querido incluir una novedad: los primeros viajes en módulo familiar; excursiones donde los padres pueden compartir la experiencia en compañía de sus hijos. No sólo tienen la oportunidad de realizar un viaje con sus hijos a un coste inferior, sino que además pueden compartir la aventura con otras parejas leonesas mientras que sus hijos disfrutan de la compañía de otros niños de su misma edad. Las ventajas estaban claras, sin embargo, ¿funcionarían estos viajes? La primera propuesta lanzada por el Ayuntamiento fue un viaje a París que tuvo lugar del 13 al 18 de agosto. Así, la Concejalía preparó una excursión con el objetivo de que las familias conocieran el patrimonio histórico francés, su cultura, pero sobre todo, con el objetivo que las familias vivan una nueva experiencia. Así, el pasado 13 de agosto a las 6.00 horas un autobús esperaba a los 34 pioneros de esta primera aventura. El silencio reinaba en el autobús y es que las horas no eran las adecuadas para entablar conversación. Sin embargo, pronto se iban a estrechar los primeros lazos de amistad. Comienza la aventura La primera parada de este viaje tuvo lugar en Burdeos, donde los 34 leoneses pudieron recorrer, acompañados y guiados por los monitores, las calles de esta ciudad al sudoeste de Francia y localizada en la región en la que se elaboran los más prestigiosos vinos del mundo. Tras descansar en un pequeño hotel de la ciudad francesa y tomar un desayuno con los típicos cruasanes y creps franceses que los leoneses valoraron como «muy aceptable», el grupo partió en dirección a la región de Loira, para detenerse en Amboise y disfrutar de su castillo, residencia de los reyes Luis XI, Carlos VII o Luis XII, y de la mansión de Clos de Lucé, donde vivió Leonardo Da Vinci y donde actualmente se encuentra una exposición de sus inventos que el año anterior estuvo en los interiores de la Diputación de León. Después de un hermoso paseo por las estrechas calles de la ciudad medieval, los 34 leoneses regresaron al autobús para llegar por fin a la capital francesa y conocida como la ciudad del amor: París. La gran cita con París Los primeros lazos de amistad ya se empezaban a hacer latentes y es que a diferencia del día anterior en el autobús ya reinaba el jaleo, especialmente entre los más pequeños. Y por fin llegaron a París. A pesar de que el hotel se encontraba casi a las afueras de la ciudad, el metro a tan sólo cinco minutos podía llevar a los excursionistas a cualquier punto de París. Una visita rápida por el ayuntamiento y el centro George Pompiduor, dio a los turistas los primeros indicios de las maravillas que esconde esta mágica ciudad. Sin embargo, el día grande llegaría el viernes. Para empezar el día, una visita panorámica, donde una guía destapó las curiosidades y anécdotas de la ciudad, que no dejaron indiferente a más de uno. Pero el momento más esperado estaba por llegar. Por fin los leoneses pudieron contemplar y subir a la gran dama francesa: la Torre Eiffel. Sin duda un momento emocionante tanto para pequeños como grandes, que pudieron disfrutar de las mejores vistas de la capital francesa. Después de reponer fuerzas con un típico almuerzo francés, «en general de buena relación calidad precio»,según los leoneses, todos se dirigieron al barrio de Pigalle, conocido como la zona roja, donde se encuentra los famosos cabarets Chat Noir y Moulin Rouge. Tras tomarse varias fotos y retroceder por unos instantes a la época de los burdeles, los leoneses se dirigieron a Montmartre, barrio que a mediados del siglo XIX fue cuna de artistas tan conocidos como Picasso, Van Gogh o el español Dalí - que actualmente cuenta con una exposición con sus mejores pinturas -, que trabajaron y crearon algunas de sus obras maestras. En la famosa colina, de 130 metros de altura y desde donde se divisa todo París, se asienta la Basílica del «Sacre C¿ur» o Sagrado Corazón, concebida inicialmente como un monumento destinado para rendir homenaje a los numerosos ciudadanos franceses que perdieron la vida durante la Guerra franco-prusiana. Pero sin duda, la mayor sorpresa vino cuando cayó la noche los 34 leoneses pudieron disfrutar de las mejores vistas parisinas en un recorrido a través del río Sena, una actividad que el responsable de Juventud del Ayuntamiento destaca como «la favorita» de todos los turistas leoneses que van a París. Y es que allí pudieron disfrutar de las impresionantes vistas al pasar por debajo del puente de Alexander. La jornada del sábado tenía un primer destino muy especial: el antiguo palacio real de Versalles. Si el interior del palacio y la conocida sala de los espejos ya da muestra de su grandiosidad, no es menos la vista de sus jardines que dejaron con la boca abierta a más de uno de los excursionistas. La tarde estaba destinada a conocer el centro parisino. El Arco del Triunfo, que Napoleón mandó contruir aunque nunca llegó a contemplar, el museo del Louvre y su famoso cuadro de la Mona Lisa, la plaza de la Bastilla, que conmemora la fortaleza que protegía el este de la ciudad y la catedral de Nôtre Dame, donde los más pequeños imaginaron ver al «jorobado» jugueteando con las gárgolas, fueron algunos de los puntos donde se detuvieron en su recorrido. Un punto de parada obligatoria para muchos fue también el kilómetro 0, donde si se pisa, se tiene garantizado volver a París. Y es que aunque para muchos esta era su segundo viaje a la ciudad, todos esperan poder regresar. El gran día de los peques Y por fin llegó el domingo, el día más esperado para los más de diez niños que completaban la excursión. Hoy era su día, hoy visitaban el Disneyland París. Y es que cuando entras por primera vez en este parque temático, te transportas durante unas horas a un mundo mágico, a un mundo donde todas las fantasías se hacen realidad. El parque de atracciones, que se divide en cinco mundos, hace un recorrido por las principales películas Disney, donde se cuidan todos los detalles y se consigue que por unos segundos te conviertas en el protagonistas de una de sus películas. Fantasyland es el mundo más mágico donde las historias inspiran los cuentos clásicos. Allí, tanto pequeños como mayores pudieron acompañar en su aventura por el país de nunca jamás, ayudar a Blancanieves a escapar de su horrible madrastra o acompañar a Beto en su recorrido por el mundo. También recorrieron las profundidades de las cavernas piratas o la casa encantada en compañía de la novia viuda. Una cita obligatoria de esta jornada fueron también las decenas de espectáculos que ofrecía el parque, como el de Tarzán, donde las acrobacias y la grandiosidad del número despertó cientos de aplausos entre el público. Sin embargo, los más valientes no pudieron resistirse de subirse una y otra vez en las desafiantes montañas rusas de Indiana Jones o Space Mountain con una fuerte dosis de adrenalina. Al ponerse el sol, llegó el momento más deseado: un espectacular desfile nocturno por motivo del quince aniversario de Disneyland Resort. Allí los principales personajes Disney y sobre todo el ratón más famoso de la historia, recorrieron las calles del parque temática en un espectáculo lleno de magia y color. La despedida Pero ya lo dice el refrán, y todo lo bueno se acaba. Y es que este apasionante viaje estaba llegando a su punto y final. La mañana del domingo el autobús salió rumbo a León, sin embargo, la llegada se iba a prolongar un poco. Tras realizar varias paradas, los turistas pudieron recorrer las calles de Biarritz, donde aprovecharon para comprar los últimos regales. Y ya en torno a las 2.15 de la mañana el autobús llegó a León. Aunque cansados y con ganas, la tristeza era evidente. Durante seis días 34 personas habían compartido viajes, risas y alguna queja, pero sobre todo habían sellado lazos de amistad. «Repetiríamos la experiencia», era la expresión repetida por muchos de ellos, una experiencia de vacaciones diferente pero en la que encontrar nuevas amistades fue por sí sola una gran aventura. Hasta siempre.