Después de la guerra
|||| Según el Ministerio de Defensa, en el mundo actual «la mayor parte de los conflictos no se producen entre estados, sino dentro de los estados». Esto hace que el Ejército no sólo participe en enfrentamientos armados, sino que después de esas guerras se tenga en cuenta la situación en la que queda ese país. Por ello, los países que entran en algún conflicto en el que participan grandes naciones que ni se «magullan», necesitan después de la guerra la ayuda internacional para reconstruir el país y la sociedad. Sociedades como España, que saben lo que es una guerra y una posguerra, tienen la suerte después de sesenta años de poder ayudar a otras en la misma situación. Ahora mismo, las misiones en el exterior tienen como objetivo «tutelar el desarrollo de los estados de acuerdo con las normas del Derecho Internacional y del Derecho Humanitario, apoyar el desarrollo sostenible de un tejido económico mínimo y prestar ayuda humanitaria» a las poblaciones que sufren las consecuencias de estas situaciones. Conforme la situación evoluciona en un país en el que se está acabando la guerra, el componente militar disminuye sus capacidades de combate y aumenta las de apoyo a la población civil. Por su parte, el componente civil adquiere un mayor protagonismo y desarrolla las acciones dirigidas a la reconstrucción, la asistencia a las estructuras política y social y la ayuda humanitaria. Pero estas misiones no sólo son positivas para la población de esos territorios. Los soldados reciben algo más que dinero por su trabajo en esos países: la experiencia que viven tanto profesional como cultural para muchos no tiene precio. Desde su base se organizan excursiones para conocer la región, se relacionan con los civiles y se dan cuenta que no todos tienen su misma suerte.