Diario de León
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León

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|||| Hace poco oí que el vino más barato de España era el Alión. Está claro que Alión no es el más barato, cualquier visita a un supermercado nos lo demostraría; pero vale la pena comentar la frase. La pronunció Mª Isabel Mijares, una enóloga reconocídisima en España y fuera de nuestro país, algo encomiable, por cierto, tratándose de una mujer que sólo resalta aún más su valía en este sector tan masculino. Bien, quizás les sorprenda porque Alión, en cuestión, es un vino elaborado por Vegasicilia y cuesta unos 35¤ en tienda.

Sin duda, la señora Mijares se refería a la relación calidad-precio y es que en vinos más que de precio deberíamos hablar de la relación calidad-precio. Porqué, ¿cuanto vale un vino? Hagamos las cuentas a grosso modo de lo que supone el coste de un buen vino.

Cualquier viticultor se frotaría las manos si le pagamos la uva a 3¤. Un buena barrica francesa de 275L sale por unos 700¤, supongamos que la cambiamos cada año, lo cual es un lujazo, nos salen 2,5¤ por litro.

Una bonita botella, un buen corcho natural, una caja vistosa y una etiqueta que no desmerezca suman otros 3¤. Sumemos la inversión en bodega, el personal y un presupuesto para la comercialización. En total, tirando para arriba nos salen unos 25¤ en tienda. Un vinazo por 25¤. Y se preguntarán, ¿que pasa con todos los vinos que superan con creces estos precios? Pues bien, por encima de esto hablamos de otros aspectos en los que ya no entra la calidad del vino. A partir de aquí, pagamos también el factor capricho o el de la exclusividad o el de la diferenciación... en fin, llámenlo como quieran.

A pesar de todo esto, hay vinos por los que vale la pena pagar ese algo más. Pienso por ejemplo en el frescor y la finura de un Champagne y casi todo el mundo está de acuerdo en que hay pocos vinos espumosos que le igualen; o en la fragancia de un buen Riesling, ninguna otra variedad blanca se aproxima a su calidad; o en un Oporto viejo... en fin, se trata de vinos inimitables y si queremos disfrutar ese algo más, no tendremos más remedio que pagarlo.

En realidad, el problema es cuando el precio no se corresponde con la calidad. En esta profesión, cato a diario brebajes que son imbebibles y que la gente consume y llama por su nombre; marcas más o menos conocidas que no pasarían ni un análisis sensorial de un panel de catadores. Sigo sin entender cómo la gente lo bebe. Y desgraciadamente, me encuentro a diario con vinos dignos de precios estupendos y con vinos fantásticos no más caros que otros populares pero mediocres que no se venden, que nadie se acuerda de ellos y que envejecen tristemente en la cava del productor. Me vienen a la cabeza bebidas que encontramos en supermercados a incluso menos de 2¤, que llaman vinos, y luego son una mezcla de agua y alcohol sin ninguna otra gracia. No sé si hay otro sector como este, seguramente sí. Pero créanme que me tiro de los pelos al pensar en el mío y en los sufridos consumidores engañados. No podemos esperar que un vino tinto de crianza de unos 3¤ sea bueno; es imposible si tenemos en cuenta los costes básicos de producción de uva, vinificación, crianza, embotellado y comercialización. Sin embargo, sí que es posible para un vino tinto joven o para un rosado. De la misma manera, un blanco fermentado en barrica no puede costar menos de 5 o 6¤. Un cava con un mínimo de calidad es imposible que llegue a sus manos por debajo de los 4¤.

En fin, después de conocer regiones, bodegas y vinos, uno llega a la conclusión que un vino de 3¤ puede ser caro y uno de 20¤ barato. Todo depende de la calidad que nos ofrezcan. Así que, tengo que decir que efectivamente, la señora Mijares tiene toda la razón.

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