Escritores rodantes
Si se unen los que con sólo ser guionistas no han tenido bastante y han dado el salto a la dirección cinematográfica, queda más que demostrado que en todo guionista, y en algunos directores, hay un director en potencia que algún día, si puede, dirigirá.
El crítico Ángel Fernández Santos decía algo así como que hay grandes directores que cuando se meten a guionistas estropean hasta sus propias películas. El paso inverso suele ser más agradable y con pegada comercial, como fue la reconversión de Tano Díaz Yanes, que pasó de escribir a crear Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto , con un resultado espectacular.
Otro guionista, Guillermo Arriaga, llega a la dirección quien sabe si por el despecho de demostrar que él también era importante en el dueto que formaba con Alejandro González Iñárritu. Lejos de la tierra quemada ha sido la brillante irrupción de Arriaga.
Hay muchos más, pero por extraer dos directamente de la literatura más prestigiosa, se puede hablar de Michel Houellebecq y su La posibilidad de una isla , que no ha sido recibida como su poderosa literatura. Y, otro ejemplo, Paul Auster, que siempre tiene un pie en el cine y que ahora, una vez quitado el gusanillo, para la versión de El país de las últimas cosas ha preferido ponerse en manos de un director.