Diario de León

Capitán Lozano

Historia y forma de pensar de un incansable defensor del humilde

Publicado por
Miguel García Bañales
León

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Juan Rodríguez Lozano, que nace en Alange (Badajoz) en 1893, ingresa en la Academia de Infantería de Toledo en 1913. Al salir de ésta es destinado a León, donde va a pasar más tiempo, alternando inicialmente este destino con África, como la mayoría de los militares. En su historial consta valor acreditado, tiene medalla por ello, las calificaciones son siempre muy buenas y consta en ellas que es apreciado por sus superiores, compañeros e inferiores: por los cargos de confianza que le nombran, no cabe duda que Lozano es el «preferido».

En 1934 a Lozano se le sanciona por faltas en un escrito de defensa ante un consejo de guerra, dicen que también por negarse a firmar una condena de pena de muerte. Él, Juan, es un incansable defensor.

Ya empezó con los sucesos de 1917. Se dice que defiende tanto a los mineros como a los guardias civiles, ya que le nombran porque saben que se pone siempre de parte del humilde, del de la desgracia. En 1934 al capitán Lozano se le sanciona por una falta grave por dirigirse al director del periódico El Socialista . La acusación es «por frases ante todo punto de vista inadmisibles atentatorias a la disciplina militar para modificar partes fundamentales de organización y disciplina del servicio militar, se sugieren ideas, se razonan criterios y se ofrecen colaboraciones personales-¦el grato acogimiento por el director.

La carta resumiéndola, refiriendo las partes de la acusación, que definen a Lozano perfectamente, dice: «No es un oficial señorito» «siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una humanidad mejor, de una más justa y científica organización social».

Se le condena por una carta, que es correo privado. En esta falta grave, que es imprescindible la publicidad, se le condena por algo que no se ha publicado, es decir, por lo que piensa: la falta grave no se consuma. Creo que lo que dice debe ser todo verdad, pues sino le hubieran acusado de injurias. En este expediente destaca, dice Lozano, «que en los primeros años, sus pensamientos no fueron socialistas, pero por haber vivido en la cuenca minera donde pude apreciar de una parte la miseria en la que viven unos y la exuberancia de las riquezas de otros, empezó a pensar en un sistema mejor, es decir donde hubiera más igualdad, creyendo que esta utopía era verdaderamente los fundamentos del credo socialista»: «que nunca estuvo afiliado al partido socialista» «hace constar que es aprendiz de la logia masónica de León».

Persecución

El tema de la masonería, tratarlo es obsceno, pues su persecución procede de los sublevados, hasta entonces era prestigioso ser masón, en la Cámara Constituyente había más de 120 masones. Como resumen: es un militar que desde muy pronto es querido para los puestos de confianza, esto implica lealtad, inteligencia, disposición completa; que, además, tiene el aprecio de sus superiores, iguales y todos los inferiores, le respetan hasta los soldados revolucionarios de izquierdas, y los revolucionarios de derechas: mucho debía de valer Lozano, es un ejemplo.

En el lado humano, culto, querido en el pueblo de León, defensor incansable, el trato con los humildes le llevan a esos pensamientos avanzados: no aparece nada reprochable en el capitán Lozano.

Creo que a partir de los sucesos del 34 pasa del ser el «preferido», pero a lo inversa; estas sociedades endogámicas apartan al diferente de manera general, primero los extremistas, ya hay fascistas en el cuartel, que presionan, y al final los indiferentes se apartan para no sentirse comprometidos.

En relación con esos sucesos del 34 aparece una esquela en un medio, repetida en otros, que refleja directa, indirecta y veladamente hechos que pretenden desprestigiar al capitán Lozano. Lo parece presunta y expresamente para ello: el fallecido, salvo error, no aparece como nacido ni como fallecido en el registro civil de Mieres ni en el de Lena. Lozano no estuvo a las órdenes de Franco, no estuvo en los sucesos de Rouzón, es Ronzón. Un nativo no comete ese error. Creo que no efectuó ningún disparo, ni participó en la represión: todo parece copiado de la hoja de servicios de Lozano, para su suerte hoy errónea, e incrementado en lo que interesa.

Sobre los sucesos del 36 y las opciones del capitán Lozano, éste podía quedarse en el pueblo, estaba de permiso, o pasarse al frente asturiano, pero el deber y la lealtad le obligan a bajar a León. Se presenta en el Gobierno Civil y se establece allí, por orden, como enlace con la Comandancia Militar; participa en la orden del ministro de entrega de armas a los mineros, con los generales Boch y Caminero.

Impide los disparos en el Gobierno Civil y él mismo es el que parlamenta: evita, en todo momento, el derramamiento de sangre. Pudo marcharse de León como otros, pero no lo hizo: otro caso de lealtad extrema, es lo que prometió. El capitán Lozano actúa con una pulcritud encomiable. A pesar de eso, y a pesar de que un instructor no encuentra punibles los sucesos del Gobierno Civil: lo matan, por traición.

Hoy se critica a Lozano desde la derecha y la izquierda, a los que les digo lo siguiente. A la derecha: debía de sentirse agradecida, como la de aquella época que se conmocionó por la muerte del capitán Lozano, porque era buena persona, porque era querido en la ciudad, porque se evitó grandes daños de la misma y una depuración sin límites. A la izquierda: sobre el tema del 34, Lozano es militar, no es otra cosa, fiel cumplidor de los deberes, fue enviado a Asturias por el Gobierno Republicano, no efectuó ni un disparo, porque no lo demandó el momento, no estuvo en el ataque a Ronzón, porque no estaba allí, no participó en la represión, porque no era su misión ni creo que su moral le permitiera hacer esto.

Con respecto a la sublevación, por el perfil de Lozano, no se le puede pedir que fuera revolucionario, por que él evitaba la violencia, así lo acredita en el expediente; León, con lucha, se hubiera quedado en manos sublevadas y la represión hubiera sido incluso peor. ¿Qué más se le puede pedir?

A las dos partes les digo: si le respetaron y glorificaron los que lo conocieron ¿qué objeciones le pueden hacer ahora los que no le conocen?, lo máximo que puede dar una persona es la vida, no le condenen, injustamente, otra vez.

El capitán Rodríguez Lozano fue fiel al juramento (promesa) que empeñó, los sublevados no, como mártir murió, no quiso servir otra bandera, no supo vivir de otra manera: murió por España y por León. Démosle los honores y la dignidad que se merece, y que pueda descansar en paz.

Como estos militares leales fusilados suelen estar olvidados y abandonados, permítanme que: yo, aquí, vindico a mi compañero el capitán Juan Rodríguez Lozano, que no fue traidor ( lo reclama en el testamento), así le injuriaron los que le traicionaron, que muere inocente, que fue un mártir o un héroe, como se quiera tratar, que cumplió siempre con su deber, como militar y como persona, incluso en la muerte y al expresar sus excepcionales voluntades, a pesar de los momentos especiales que le tocó vivir: les invito a todos a hacerlo, en especial a la ciudad de León, que honren su recuerdo, como se merece, con algo que muestre a las nuevas generaciones que obró recta y honradamente consigo mismo y con los demás: debe ser un ejemplo para todos, en especial para los militares democráticos.

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