Una sociedad discapacitada
Hasta hace unas décadas, sus voces estaban acalladas y sus cuerpos vivían escondidos y recluidos entre cuatro paredes como «si fueran un desperfecto de la naturaleza», cuenta López Melero. Ahora, en cambio, «están presentes pero ante la sociedad tienen aún que demostrar que pueden llevar a cabo una vida como la de cualquiera de nosotros».
El camino por recorrer sigue siendo largo y está lleno de interrogantes: «¿Está la sociedad éticamente madura para comprender que una chica pueda enamorarse de un síndrome de down? ¿Se les habla como adultos o como niños grandes?», se pregunta el profesor de la Universidad de Málaga. «El problema no está en Pablo sino en la sociedad, que tiene que cambiar mucho sus comportamientos y valorar las cualidades humanas, las posibilidades cognitivas, la autonomía como ser humano de personas como Pablo».
De momento, Pablo -”denuncia López Melero-” no puede ser funcionario del Estado, pues «la Constitución define a los síndrome de down como deficientes mentales».
Pablo, entregado estos días a la promoción de la película -”que se estrenó este jueves-”, tiene sus propias reclamaciones: «La sociedad tiene que tratarnos como personas y darse cuenta de que como personas que somos tenemos las mismas necesidades».