Javier Ojeda y el regreso visible

El grupo Danza Invisible.
La voz de Javier Ojeda, cantante de Danza Invisible, hubiera sido otra cosa en otro país. Pero no hay culpables. Tal vez sean añoranzas. O desubicaciones por solo reconocer lo que se parece a algo que ya haya sido patentado. Que esa seguridad es guay para hablar y quedar muy in. Y el miedo a lo original. En el caso de los malagueños, y ahora que vuelve Spandau Ballet, había algo de esa onda de pop funk elegante con actitud de crooner todo ello bien agitado en la batidora que era la Movida de los años 80. También, de los Simple Minds, sin llegar nunca a Talking Heads. En fin, pop urgente, que a los Ojeda boys les dio para desarrollar una carrera digna, con algunos hitos y varios incontestables hits cuyos títulos servirían para refrescar la memoria de algunos de los que les siguieron con interés, y ahora ya no tanto. Vamos antes por esos nombres de canciones: Sin aliento , El club del alcohol , El joven nostálgico , Agua sin sueño .
Porque resulta que, gracias a Dios, no sólo de Sabor de amor vivió el hombre de Danza Invisible. Una canción que marcó un antes y después en la banda, que les dio dinero, una calle en su Torremolinos natal, fama y conciertos, pero que les marcó en exceso y les situó en un lugar que no les correspondía a no ser que esa fuera su intención, que esa es otra. Danza Invisible, en esos tiempos de Maratón , uno de sus primeros discos, estaban llamados a heredar cierta actitud a lo Auserón. Era curioso porque no tenían mucho que ver musicalmente, pero como tanto Javier Ojeda y Santiago Auserón demostraban claramente que sabían cantar, el hecho, por atípico, les unía. Y consta en una colaboración del genio maño de Radio Futura con los andaluces.
Entre las curiosidades de esta biografía escrita en escena destaca la longevidad: el grupo surge en 1982. Y hasta 2003, su presencia discográfica mantiene una constante de 18 discos, con tiempo para incluir directos, grandes éxitos y rarezas. Otra circunstancia peculiar en la carrera de Danza es que su cara y voz visible, Javier Ojeda fue el último en entrar en el grupo, precisamente para sustituir a Ricardo Texidó, fundador de la banda y que después abandonó el proyecto. Era ese batería también de gran voz, que intentó encontrar el éxito en solitario.
Pero resulta que lo que se cuece a la velocidad de la cultura rápida es otro regreso, agotadas las entradas para un concierto que darán en Málaga, y agotadas los adjetivos de sonado o esperado regreso. Realmente, ellos se habían ido pero solo un poco. Y ahora vuelven con nuevo disco para dar rienda suelta a su santoral musical e imaginarlo con las versiones en castellano de las canciones que ellos más amaron. El disco se va a llamar La Pizzería de Mónica y saldrá a principios de 2010. A todo esto, uno se pregunta por qué Danza Invisible que bebían los vientos por los comerciales U2, acabaron en el temible sonido pop latino. Y, también, a todo esto, uno teme que un día haya que anunciar el regreso de Enrique y Ana. Y así.