Diario de León

CANTO RODADO

humo

olemos a humo. arde españa con la leña de cataluña. rajoy quiere ser bombero, mas salta sobre las brasas y erc se frota las manos. hay hogueras que hielan

Ana Gaitero
León

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España huele a humo. Arde la madera. El carbón, poco. Aunque hay un Rey en el Bierzo que quiere abrir una mina. Un prestidigitador de la antracita y de la política. Perro viejo. Parece que camina contra corriente. Sólo es una apariencia. Sabe por dónde pisa y cómo se mueven los hilos de un sector envuelto en la neblina del invierno y cubierto de escarcha desde hace varios ministros.

Con todo, el sol empieza a ganar terreno a la noche. Por Santa Lucía se igualan las noches con el día, dice mi madre, y comienza la cuenta hacia delante de las Cabañuelas. Ayer fue febrero, hoy es marzo. Mañana abril... octubre, el domingo. Diciembre, en Nochebuena. Tomemos nota del año que se nos echa encima. Las cabañuelas nos lo anticipan cada día.

El gasóleo y el gas queman los pingües salarios y las mermadas pensiones. La factura de la luz electrocuta cada mes la mano en el bolsillo. Y el recibo de Santa Luisa, la residencia de mayores de la Diputación provincial, antigua maternidad, quema las cartillas y las hijuelas de las abuelitas. El fuego deja sin casa y casi sin vida a dos familias, en León y en el Bierzo. No es casualidad. Son los tiempos que arden ante la frialdad de un sistema que se derrumba y se desmorona sobre sus víctimas como la madera de una vieja casa en llamas. Cruje y de repente, sin casi darte cuenta, te aplasta. Le ha pasado a mucha gente.

Camillas y filandón

Con la pelona que está cayendo hay que buscar el calor. Vuelven los corrillos con agujas y filandón alrededor de la lumbre mientras se destila el orujo en las alquitaras, poderosa fuente de calor. Las mesas camilla recobran vida con braseritos de resistencia (¿volveremos al cisco?) y el butanero llama a la puerta. Más que el cartero.

El otro día oí su voz al otro lado de la puerta. Me puse en lo peor. Una multa, seguro. Era una carta con matasellos de Bristol. Una llama a punto de apagarse. Poca gente se toma hoy el tiempo de comprar una postal, escribir unas letras a mano, pegar el sello en el sobre, poner la dirección y echarla al buzón.

En Luna

Ardemos en el año del wasap. Me trae una postal de Guido y Marthona atada con un lazo dorado que sujeta el helador, aunque idílico, paisaje invernal. Tras la pareja mastina asoman unas ovejas negras. Las merinas de Gregorio Fildago y Violeta Alegre, que pasan el invierno en el Páramo y pastan el verano en Abelgas de Luna.

A pesar de la Junta y de su consejera de Agricultura, Silvia Clemente, que este año declaró improductivos los puertos pirenaicos del pueblo luniego bajo el helador argumento de que en la foto del satélite vieron muchas rocas. Es lo que pasa cuando se gobierna desde una nave espacial. La señora Silvia es hija adoptiva de Valencia de Don Juan por obra y gracia del alcalde Majo. Ese título sí que es improductivo. Más le valía pisar un poco el campo y defender a sus gentes. Satélites tenemos bastantes con la Luna.

Islas calientes

Hiela. Llega el invierno. Despunta el solsticio hiemal en el hemisferio norte. Hay islas de calor en la calle Ancha. Con olor a castañas. El Changai pasa el invierno en la plaza de Santo Domingo, al lado del Reloj. Y más arriba sale a flote otro trozo del paraíso. Una pequeña inversión y a la calle a probar suerte. El viaje a Canarias o al Caribe, otro sueño aplazado para el Gordo.

Olemos a humo. Arde España con la leña de Cataluña. Salen llamaradas por las bocas de los políticos, del PP y del PSOE. Rajoy quiere ser bombero. Mas salta sobre las brasas y se frotan las manos en ERC. Es la fiebre solsticial. Hay hogueras que dan escalofríos. Sigmar Gabriel, presidente de la socialdemocracia alemana, prende una para calentar el asiento de Angela Merkel. Huele a podrido.

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