CANTO RODADO
madera
La rebeldía contra el poder abusivo es el mérito de los comuneros, no que su espíritu se haya convertido en festín de la clase política sobre una campa

Tocan madera los candidatos, candidatas pocas —vamos a menos, mujeres— para situarse en posición de salida en la carrera electoral. Se hacen selfis para colgar como talismanes en sus redes sociales y rezan un rosario de promesas con la mirada puesta en las urnas del 24-M. Es el tiempo de las ocurrencias. De llamar a las puertas y escribir cartas desesperadas a Soria para salvar el carbón por enésima vez. Es la hora de las visitas para darles de beber de la copona regia y la ocasión propicia para disolver instituciones bajo sospecha.
Todo cabe en la burbuja de la pre-campaña animada por candidaturas auspiciadas por las empresas del Ibex en las capitales y hasta en los pueblines. Ciudadanos que hacen frente a Podemos. Coronitas apuntando a gaviotas. La derecha se cambia el traje a toda prisa, mientras la izquierda, la gauche maldita, anda desparramada en melenas leoninas. León en Común, León Despierta... León, ¿Quo vadis?
Lluvia de informes
L a realidad va por otro lado. Despechada y desesperada. 50.000 personas en el paro. Un tercio de la provincia en el exilio económico. Hacienda descubriendo comisiones millonarias en parques eólicos. Y la Junta, su portavoz, quejándose de indefensión ante la Agencia Tributaria por el escándalo. El que se pica, ajos come. Una de dos, o en el PP hay dos bandos que se pisan la manguera, o los funcionarios del fisco quieren estar limpios en la hora del cambio.
Los informes de ilegalidades, tropelías y engaños brotan en los registros oficiales como margaritas sobre la pradera con las lluvias de abril. Las ratas empiezan a abandonar el barco. Las puertas giratorias ya están dando vueltas silenciosamente. La segunda de a bordo de Wert se va a la OCDE y De Guindos se postula para presidir el Eurogrupo.
Donde perecen los nadies
Fl ota la muerte de África en el Mediterráneo. Frontera salada de dos mundos. Donde perecen los nadies bajo la mirada indiferente de los cruceros que suplantan a los barcos de pesca y a las antiguas naves fenicias que nos enseñaron a comerciar.
Europa se escandaliza como una dama encopetada. ¡Houston, tenemos un problema!, chilla con voz de pito. El olor de los cadáveres a la puerta de casa es muy desagradable. Hay que alejarlos como sea. Da órdenes a sus mayordomos. Por si fuera posible que se mueran en las costas de Libia o, mejor, un poco más abajo.
En África. El problema está en el continente saqueado. Su gas se desparrama por nuestras casas, roban los diamantes de las entrañas de la tierra. Y el coltan que alimenta el imperio de los móviles. Con balas y sangre. Codician el petróleo del desierto del Sáhara...
Quijotes y comuneros
N o hay Quijotes, ni Quijotas, que se batan contra los gigantes. Vamos en un tren que desguazan bocado a bocado los salvadores de la patria. Como la parodia de Groucho Marx pidiendo más madera para alimentar la máquina de vapor hasta aniquilar el convoy del Oeste. ¡Más madera, es la guerra!. Así van quemando al país.
Hay que rebelarse, como el héroe de Cervantes, como dijo Juan Goytisolo, contra la «realidad inocua que nos rodea» untada de mugre. Ser Quijotes y Quijotas para tener los pies en la tierra y luchar contra los gigantes. Ese es el mérito de los comuneros, no que su espíritu revolucionario se haya convertido en festín de la clase política sobre una campa. En León no quieren oír hablar de héroes que murieron luchando. Son perdedores. También Cervantes lo fue. Aquí prefieren héroes inventados del corral de San Guisán. Cuenta la Historia que arrojaban agua hirviendo sobre la soldadesca patria.