Diario de León

Jorge Sánchez Cañizal, oftalmólogo de León: «La Fundación Elena Barraquer fomenta el desarrollo sostenible»

Carmen Tapia
León

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 Desde pequeño, por influencia de su padre, veterinario, le ha gustado la naturaleza y la sanidad. El oftalmólogo Jorge Sánchez Cañizal estuvo a punto de estudiar veterinaria en León, pero al final se decidió por Medicina en la Universidad de Salamanca. Tras realizar el examen MIR se especializó en Oftalmología en el Hospital de León, completando su formación con rotaciones externas en hospitales, clínicas y con oftalmólogos de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional como Emeterio Orduña (berciano emigrado en las islas baleares), José Alfonso o Joaquín Fernández. Desde hace 10 años su área de especialización es la cirugía de catarata compleja y la cirugía con lentes intraoculares para la corrección de presbicia, miopía, hipermetropía o astigmatismo. Además de su labor clínica, Jorge Sánchez Cañizal se ha volcado con las acciones humanitarias con la Fundación Elena Barraquer, operando ojos a la población más desfavorecida de varios países.

—¿Cuándo decidió que tenía que involucrarse en las labores humanitarias?

—Mi primer viaje con la Fundación Elena Barraquer fue en 2018 a Boane (Mozambique) justo el mismo destino en el que hemos estado hace unos días. Es un sitio muy especial, sobre todo por Casa O Gaiato, un orfanato con 150 niños en el que compatriotas como María José, Pilar y Javier trabajan desde hace años dando un futuro y oportunidades a niños que han sido abandonados o han quedado huérfanos. Javier además es optometrista y es quien coordina la expedición a nivel local con la selección y seguimiento de los pacientes. Toda una suerte para nosotros tenerle allí. A partir de esa primera experiencia he ido todos los años con mi inseparable enfermera instrumentista Sonia De La Fuente, visitando Gabón 2019, Senegal, tanto la capital Dakar en 2020 o una zona rural en la frontera con Gambia llamada Missirah en 2021. En 2022 fuimos a Noahdibou (Mauritania) donde participamos también en la grabación del documental NoMásCataratas donde se explica y se muestra la gran labor de la Fundación Elena Barraquer en la erradicación de la principal causa mundial de ceguera evitable, la catarata. Os recomiendo dedicar unos minutos a conocerlo y uniros a la tripulación, con muy poquito se pueden cambiar muchas vidas. Al año siguiente nos destinaron a una región bastante inaccesible de Guinea Bissau, Bafatá. En estas regiones donde se magnifica aún más la necesidad de atención sanitaria que viven en el continente africano. Todas las expediciones están formadas por un grupo de desconocidos, muchos de ellos no han estado nunca en un quirófano, pero como podéis ver en el documental de Juan Novo, Hospital Bafatá 259 es sorprendente lo que llegamos a conseguir. Por último, el año pasado visitamos el Salvador, donde la organización local y las instalaciones fueron un lujo y el podernos comunicar sin dificultad con los pacientes hizo todo más fácil.

—¿Por qué decidió unirse a estas misiones?

-Desde el primer día que escuché en un congreso a Elena Barraquer contando que había creado una nueva Fundación y que necesitaban voluntarios, me apunté al instante. Desde ese día siempre que esté en mi mano participar en cualquier actividad de la Fundación, del tipo que sea ya no solo como cirujano, lo haré encantado.

—¿Cuántos ojos ha operado en las distintas misiones?

-Operamos cientos de personas en cada expedición, pero la labor de la Fundación Elena Barraquer va más allá de la salud visual individual, ya que mejora las condiciones de vida de miles de personas y sus familias. Muchas veces recuperar la independencia de nuestros pacientes, significa liberar al paciente y a una persona de la familia encargada de cuidarle, generalmente una niña que recupera su escolarización y actividades habituales. La Fundación Elena Barraquer además de realizar miles de cirugías anualmente, fomenta el desarrollo sostenible a través de la formación local y promueve el impacto social en empresas que colaboran con ella.

—¿Recuerda algún caso que le haya impactado más?

-Muchos, la verdad. Ndaye, una niña de 3 años que había sufrido un traumatismo con un objeto punzante hacía unos días y tuvimos que intervenirla de urgencia durante más de una hora. Fue increíble la cooperación de la niña y de todo el equipo ese día, incluso aquí habría habido pocas opciones de obtener el resultado que conseguimos. Además, tuvimos la suerte de que la Fundación volvía al mismo país dos meses más tarde y le pudieron retirar la sutura completando el tratamiento. Otro caso que nos dejó huella fue Vigi, una chica sordomuda que había perdido su visión, prácticamente su único contacto con el medio exterior y que su cirugía por la dificultad del caso, la importancia de obtener un buen resultado y su abnegada confianza hizo que fuera muy emotiva. En la misma expedición en Bafatá otro paciente, Musa, con varios hijos y que había perdido su trabajo hacia 4 años tras perder su visión. Su reacción saltando como loco al recuperarla y al momento comenzar a rezar dando gracias a Dios, es una experiencia incomparable. Os recomiendo verlos en el documental de Bafatá. En esta última expedición, en los últimos días tuvimos un caso muy complejo que dudamos si podría recuperar la visión tras la cirugía porque tenía un glaucoma asociado. Gracias al optimismo e ilusión de Isabel Sendino lo operamos y su reacción al día siguiente hizo que sin duda esa hora con la espalda ardiendo había merecido la pena.

—¿Qué causan las cegueras y intervenciones hacen que aquí en el primer mundo no pasarían?

-Realizamos cirugía de catarata con implante de lente intraocular, una cirugía que aquí es muy habitual y accesible y que en estos países relega a miles de personas a la oscuridad y a perder su trabajo, su independencia y su calidad de vida. La catarata es la opacidad del cristalino, la lente que tenemos dentro del ojo, y actualmente es la principal causa de ceguera evitable en el mundo afectando a 17 millones de personas según las estimaciones. Además de ceguera por catarata encontramos otras causas como el glaucoma, alteraciones de la córnea de origen inflamatorio o infeccioso, desprendimientos de retina, traumatismos, etc.

—¿Cómo está la vista de los leoneses y qué es lo que más la perjudica en comparación con los países menos desarrollados?

-Creo que la comparativa nunca es justa y afortunadamente nuestra situación es un privilegio en este sentido. Tenemos grandes profesionales en León y una oftalmología muy especializada. Afortunadamente la catarata aquí no tiene el impacto que tiene en estos países, pero sí hay patologías como la degeneración macular o el glaucoma que afectan dramáticamente la calidad de vida de los leoneses y que actualmente pueden ser irreversibles. En nuestro medio, la prevención y el tratamiento precoz son fundamentales, de ahí que las revisiones oftalmológicas tengan gran importancia especialmente a partir de los 50 años.

—¿Tiene algún contacto con los pacientes que opera en otros países?

-Muchas veces es difícil, aunque sí que mantenemos el contacto con el equipo local y nos consultan dudas o nos mandan fotos de pacientes felices habitualmente con sus gafas de sol.

—¿Volverá?

-El mes que viene si fuera posible. Es un escenario perfectamente orquestado que hace que un grupo de desconocidos, muchos de ellos sin experiencia sanitaria, consigue desinteresadamente mejorar la vida de cientos de personas durante tan solo cincodías. No es magia, es formación, experiencia, dedicación y el esfuerzo constante de la Fundación Elena Barraquer. Todo ello con mucho amor, desde la persona que dona lo que puede, la que ayuda a pasar al siguiente paciente, la que instrumenta con una sonrisa o el que le da el primer abrazo después de destapar el ojo al día siguiente de la cirugía y mostrarle el mundo después de muchos años en la oscuridad.

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