Diario de León

Diplomáticos de instituto | Mejora la convivencia escolar

Una legión de jóvenes mediadores consigue reducir la violencia en los institutos de León

Grupos de voluntarios ya formados logran abortar casos de «bullying» intercediendo entre sus compañeros

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marco romero | león
León

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«La situación iba poniéndose muy fea. Era un grupo de estudiantes contra una chica de origen magrebí, a la que al parecer insultaban con expresiones xenófobas. Ella empezó a buscar apoyos fuera y al final hubo que intervenir. La cosa se zanjó ahí». Lo relatado por un coordinador de convivencia ocurría en uno de los institutos de la capital hace relativamente poco y, en esencia, resume la efectividad de las docenas de jóvenes voluntarios y voluntarias que median entre compañeros cuando se originan conflictos violentos dentro de las aulas. Son los diplomáticos del instituto. Esta legión de chavales, entre los que siempre hay una representación de las etnias y nacionalidades que abundan entre el alumnado, actúa bajo la supervisión de un coordinador de convivencia, figura creada hace tres cursos en 16 centros educativos y que hoy se ha extendido a los 41 de toda la provincia, según los datos facilitados por la Dirección Provincial de Educación.

No son los estudiantes que mejores notas sacan, pero sí son populares y respetados y, sobre todo, su rápida intervención ya ha logrado paralizar varios casos de bullying , según reconocen todas las fuentes consultadas para este reportaje. «La labor de grupo es muy importante, esencial, en los casos de acoso escolar; enseguida se dan cuenta que el asunto se puede atajar porque el grupo toma medidas contra ellos», explica el coordinador del instituto Antonio García Bellido, Isidoro Portillo.

De un grano de arena... Todo empieza cuando dos alumnos o varios grupos de iguales se enzarzan, casi siempre por un tema menor. «Antes se reducía prácticamente a los chicos, pero las chicas también tienen ahora situaciones problemáticas», indica Javier García Calzada, jefe de Estudios del Instituto Claudio Sánchez Albornoz. Los mediadores suelen detectar problemas en cuanto surgen, por lo que inmediatamente avisan al coordinador y ponen en marcha un protocolo para resolver una contrariedad que se podría convertir en algo más grave. «Como todos nos conocemos, te enteras de cualquier discusión de pasillo. No suelen ser conflictos fuertes, así que se suelen abordar con facilidad. Pero nuestra actitud, siempre es neutra; nunca te puedes posicionar», explica Ruth Delgado Sánchez, de 17 años, mediadora en el Sánchez Albornoz.

En cuanto se percibe un caso de acoso, violencia o una simple discusión se hace un trabajo de premediación, en el que los mediadores hablan por separado con las partes y les intentan convencer de que entren en el protocolo, porque sólo es posible si los escolares en conflicto lo hacen voluntariamente. En este proceso se utilizan técnicas como la escucha activa para que los chavales se hagan preguntas, digan con sus palabras lo que ha expuesto el otro, comenten los sentimientos que ha expresado el contrario y lo resuman. «Es un diálogo dirigido», subraya García Calzada. Si los ánimos se enconan, la mediación continúa con un frente a frente entre los chavales o grupos, en una sala aparte, con la única presencia de los mediadores y el coordinador de convivencia.

«Con todo esto se desmonta el conflicto: los alumnos pasan de las posiciones (quiero que...) a los intereses (para qué lo quieres...). Una vez aclarado todo, ellos proponen la solución». Ésta es una de las partes más curiosas del proceso. Cuando alcanzan un consenso, se obligan a cumplirlo a través de un contrato escrito.

«La mayor conflictividad está en los pequeños, sobre todo en el asunto del absentismo», advierte Jorge Salazar, coordinador de convivencia en el instituto Legio VII de la capital, o como él mismo define: «Busco acuerdos previos para flexibilizar una norma; intentamos estar en el medio entre la Jefatura de Estudios y otros».

La imaginación de los institutos para poner en marcha iniciativas que faciliten la convivencia es inmensa. En algunos centros, los voluntarios hacen jornadas de acogida, organizan desayunos, acuden a un médico que visita periódicamente los centros -"«esto es importantísimo porque hablan con un médico sin sus padres, revela uno de los coordinadores-", acuden a sesiones formativas y hasta han creado un carné de convivencia por puntos, caso del Sánchez Albornoz. Todos los alumnos tienen 12 puntos conseguidos después de un examen. El documento funciona igual que uno de conducir, es decir, se restan puntos cuando se amonesta al titular, de manera que sin ellos no pueden acudir a fiestas y otras actividades lúdicas organizadas en el instituto.

La comunidad educativa, cada vez más sensible con la gestión de la convivencia y la paz, está organizando talleres con docentes y padres de familia para promover esa buena convivencia y el buen trato y contribuir a reducir los indices de maltrato infantil y violencia familiar en los hogares de estos chavales. Según explica el coordinador del García Bellido, este año se ha programado un curso on line para reciclar al profesorado en el manejo de situaciones vinculadas al entendimiento entre escolares, una iniciativa positiva que pretende ser trasladada el próximo curso a los estudiantes, principalmente los que hacen tareas de mediación.

El siguiente paso será reclutar ayudantes para los mediadores, algo que permitirá consolidar una importante red de chavales entre el alumnado con el único fin de acabar con la violencia en las aulas.

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