Cae la nueva cúpula militar de ETA
El líder de la banda, Mikel Karrera, se identificó con su nombre ante la policía francesa; en la redada fue detenido su lugarteniente y Aranalde, huida por un error

Policías franceses, durante la operación desarrollada contra ETA junto con la Guardia Civil
«Soy Mikel Karrera». El presunto jefe del aparato militar de ETA se identificó con su verdadero nombre ante los policías que lo detuvieron este jueves en Bayona. En su compañía fueron arrestados Arkaitz Agirregabiria, considerado su lugarteniente, y Maite Aranalde, huida tras su puesta en libertad en agosto por un error judicial de la Audiencia Nacional. La operación, que decapita la jefatura de los comandos se completó con los arrestos en Urrugne de una pareja vascofrancesa en la que el hombre, un sindicalista de LAB, fue el hilo conductor que llevó hasta la cúpula militar de ETA.
El operativo conjunto de las fuerzas de seguridad españolas y francesas condujo el lunes a la localización del cuartel general del aparato militar. Ese día dieron fruto los seguimientos a que era sometido Eñaut Aramendi, un militante vascofrancés del independentismo violento, por agentes de información franceses y de la Guardia Civil, con apoyo de efectivos del Centro Nacional de Inteligencia español.
El dispositivo detectó que Aramendi trasladó a primera hora del lunes a dos hombres y una mujer a bordo de un Ford Fiesta de su propiedad hasta una vivienda del distrito de Saint Esprit, un barrio residencial de Bayona. El turismo se introdujo hacia las 6.00 horas en un garaje de un inmueble y los cuatro ocupantes se instalaron en un piso propiedad de un conocido del sindicalista aberzale. Se trata de un dúplex cercano a la estación y próximo a la cárcel de Bayona. Según fuentes antiterroristas españolas, la pista original fue una conversación entre dos sospechosos acerca de prestarse «las llaves del piso de Bayona» interceptada hace un tiempo por el CNI.
Estos medios indicaron que los espiados trataban de aparentar que la vivienda permanecía vacía, no salían a la calle y recibían de Aramendi alimentos y todo lo que necesitaban.
Los agentes de la Dirección Central de Información Interior (DCRI, servicios secretos galos) y de la Guardia Civil no lograron identificar a los ocupantes durante los tres días en que tuvieron vigilado el escondite. Pero estaban convencidos de que en la red tendida habían caído peces gordos por las extremas medidas de seguridad que empleaban. Las autoridades españolas y francesas decidieron intervenir y la sección antiterrorista de la Fiscalía de París dio luz verde al operativo.