Diario de León

El precio del cereal se dispara después de que los productores vendieran la cosecha

El trigo o la cebada alcanzan una cotización un 20% superior a la que tenían hace un mes

Grano apilado a la espara de carga en una vega leonesa.

Grano apilado a la espara de carga en una vega leonesa.

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L. URDIALES | REDACCIÓN
León

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Al cereal leonés le envuelve la ola de bonanza de precio que deriva de la escasez de este producto a nivel mundial. Pero no todos los sectores involucrados en este proceso van a ser partícipes del contagio. Al sector primario, por ejemplo, le llegó la buena nueva con la mercancía vendida. Y lo que se pagó a 12 céntimos a pie de parcela se paga ahora a 18 céntimos. Cuando cundió el despegue de precios era tarde para el campesino. Lo saben ahora los titulares de más de cien mil hectáreas que han aportado 350.000 toneladas a las tolvas; la mayoría fuera de mercado, Las previsiones más optimistas sobre los precios de cereal se quedaron cortas cuando Rusia confirmó las expectativas que ya habían convertido a la base de la alimentación mundial en objeto de deseo; el cierre de la panera esteparia al mercado internacional convierte en un tesoro el grano que ahora se apila en almacenes a la espera de que su precio pegue otro estirón. Lo hará en breve, y con la misma celeridad que apuró en el último mes: la cebada, que ocupa la mayor superficie cerealista del campo leonés, cierra contratos a 25 pesetas apenas un mes más tarde de cotizar a 19.50.

El mismo proceso inflacionista lo protagoniza el trigo, quizá exagerado en el caso del tipo panificable, necesario para dar base a los derivados de la alimentación humana. El mismo sector reconoce astronómicas estas cifras; inesperadas, sorprendentes, después de caminar entre penurias para ajustar el coste elevado del proceso de cultivo a los míseros reportes del producto. Hasta ahora, que en los almacenes se guarda la mercancía en víspera de un segundo arreón en la lonja. El campo calcula en pesetas para enfatizar el río de dinero que parte de los surcos que labró el paso otoño: «Que el trigo para pan se paga hoy a treinta y tres pesetas; y el trigo pienso a treinta; y cuando salió de la cosechadora pagaban a 22,50». Lo cuenta un agricultor leonés mientras se explica en cierto modo la razón de las prisas de los almacenistas por hacerse con la cosecha este año.

Como la mayoría del sector primario, este cultivador de secano mira con rabia la tabla de precios. «Bueno, el que esté en una cooperativa y entregue allí la mercancía tendrá más suerte que yo, que vendí 8 pesetas por debajo de lo que paga ahora el mercado».

La suerte de este testigo es la de la mayor parte del tejido productivo leonés, que sigue desde el graderío el festín de precios.

Y el grano, quieto. «Hombre, a mí si me dijeran que es previsible que en quince días valga ocho pesetas más que hoy (cinco céntimos) pues tampoco iba a vender; y si llegó a saber cuando coseché que el día 9 de agosto me lo pagan como se paga hoy, pues tampoco vendía a 22».

En el siguiente escalón de la cadena, el intermediario. Aconsejado por los ecos del cierre de los silos rusos a la exportación hace lo propio con los suyos. La tendencia alcista no ve el límite.

Tampoco para género que tenía una salida casi de deshecho; para complementos de alimentación animal. La avena y el centeno apuntan a 24 céntimos de euros el kilo en el mercado.

Todo recogido. Ahora es cuando el sector primario recuerda que esta secuencia tuvo un inicio tormentoso; cayó la superficie sembrada con respecto a la anterior campaña porque las condiciones climatológicas impidieron muchas siembras y los precios de los abonos y fertilizantes no cuadraban con la rentabilidad. Hubo cinco mil hectáreas menos sembradas. Hoy, no quedan ni los rastrojos (salvo en un vértice de los valles más altos de la provincia); las prisas por comprar estaban justificadas.

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