Diario de León
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Melchor Sáiz-Pardo | madrid
León

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Los servicios de Información de la Policía, la Guardia Civil y la Ertzainza no tienen ningún género de dudas: el comunicado de ayer en el que ETA informa que hace meses tomó la decisión de «no llevar a cabo acciones armadas ofensivas» es fruto de la «debilidad operativa sin precedentes» de una banda que en los últimos dos años ha sufrido, como nunca, el acoso de las fuerzas de seguridad y que se ve incapaz de reponerse a los continuos golpes policiales. Una asfixia que ha dejado a la organización terroristas sin cinco jefes en 24 meses, sin dinero, sin ayuda internacional, casi sin activistas y que, incluso, ha perdido el apoyo de buena parte de sus presos. El anuncio de la BBC no ha sorprendido al Ministerio del Interior, que sabían desde principios de este verano que el último jefe militar de ETA, Mikel Karrera Sarobe, Ata, capturado el 20 de mayo, había ordenado a finales de marzo un parón en las acciones armadas para intentar reorganizar la banda o, al menos, evitar la sangría de detenciones, que este año se mantiene a un ritmo de un detenido cada tres días y medio. 68 detenciones entre enero y agosto en España, Francia, Portugal, Reino Unido, Italia, Bélgica... una cadencia inasumible para la banda, sobre todo si se tiene en cuenta que los terroristas eran apresados antes, incluso, de ejecutar los atentados por la bisoñez de los nuevos etarras Facebook, que se dedicaban a narrar en internet sus andanzas, o que se dejaban cazar en macro redadas contra la kale borroka, como la del pasado noviembre contra Segi, al compaginar su militancia en ETA con la lucha callejera. Ata, durante su breve mandato de tres meses al frente de los terroristas, había constatado en sus propias carnes la imposibilidad de, con esas mimbres, poner en marcha campañas de atentados.

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