Perfil. Valeriano Gómez | ministro de trabajo
El ministro que se opuso a la reforma
«No, yo estoy en otros lares». Con esta frase respondía Valeriano Gómez a las personas que le preguntaban en los últimos días si iba a asumir la cartera de Trabajo. Figuraba en todas las quinielas. Y las necesidades del presidente le han hecho cambiar de posición. Para José Luis Rodríguez Zapatero es imprescindible que el sucesor de Celestino Corbacho sea un hombre puente que recupere las buenas relaciones entre Gobierno-sindicatos; y, sobre todo, un ministro que conozca el mercado laboral como cada rincón de su casa y sepa transmitir proyectos de futuro a los 4,6 millones de parados.
Al parecer ese hombre es él, un economista que allá por los años 95 resolvió el problema de la inmobiliaria PSV, creada por UGT. Fue un duro conflicto que minó el prestigio de la central socialista y de su histórico líder Nicolás Redondo
Valeriano Gómez, casado y padre de dos hijos, nació en Arroyo del Ojanco (Jaén) en 1957. Ya había sonado otras veces para ministro. No será la primera vez que tiene despacho en Trabajo. En el 2004, en el primer Gobierno de Rodríguez Zapatero, acompañó al entonces titular del Departamento, Jesús Caldera, como secretario general de Empleo, hasta que en el 2006 enfrentamientos con su superior por planes que quería aplicar y no podía, más la fatiga acumulada por un intenso periodo de negociación con los interlocutores sociales, le llevaron a dejar el cargo. Se retiró a la Fundación José Ortega y Gasset para dedicarse a la enseñanza y a la investigación, tareas que compaginó con las de miembro del Consejo Económico y Social en representación de UGT.
Diálogo social. Precisamente su nombramiento y sus ideas abren la puerta a algún retoque de las modificaciones aplicadas. CC.OO. y UGT han dicho por activa y por pasiva que sin rectificación no habrá nuevo diálogo social. Las contrariedades provocadas en Gómez por la política de Rodríguez Zapatero han puesto de manifiesto su malestar en reiteradas ocasiones.
Horas antes de que en junio el presidente ultimara la polémica reforma laboral, aparecía visiblemente preocupado por la posibilidad de implantación de un contrato único. Incluso se le pudo ver en la manifestación convocada por los sindicatos el pasado 29 de septiembre, colofón de la huelga general.