El guarda que fue bombero en Botines
Marcos García cierra un hito como presidente interino de la Caja, un cargo que ocupó durante 27 días

Marcos García, ayer ante la sede de Caja España, entidad que presidió durante 27 días.
Marcos García fue el segundo plato del tercer menú. Y, aún así, el suyo no deja de ser un caso de apología de la democracia en una entidad que, por social, se debería deber al pueblo. Al impositor, en el caso de la entidad de ahorro. Marcos García González (León, 1957) terminó por presidir el emporio en el que llegó a derivar aquella caja en la que abrió su primera cartilla de ahorro.
Segundo plato del tercer menú; o la tercera vía; o la única solución ante el muro de las incompatibilidades que impidieron la opción Llamas, ya diluida de antemano por la falta de consenso. Marcos García, presidente de la caja, es un hito del principio igualitario del hombre ante el poder. Un guarda forestal ha presidido 27 días una caja que evolucionó -"paradójicamente-" de aquella caja de la Ardilla. «Para mí ha sido un orgullo poder haber contribuido a encauzar este proceso de fusión», dijo ayer el presidente interino de la entidad, en la víspera de dejar el sillón que ocupó desde el 1 de octubre. A la despedida de esta encomienda, García culminó en este mes el circuito administrativo que ha recorrido en la Caja: hasta ahora, además de impositor, ya había sido asambleísta, consejero, secretario del consejo y presidente de Viproelco, un instrumento inmobiliario participado por la caja y una asociación de empresarios.
Y, entre tanto, y siempre, socialista. Esa vía política le abrió a Marcos García la posibilidad de redondear este viernes un currículum de fábula, una quimera para cualquier mortal que se gane la vida controlando el respeto al medio ambiente y al ecosistema de la riberas de los ríos leoneses.
Esta misma mañana va a oficiar su último servicio en la agenda de la presidencia de Caja España; firmará un convenio de patrocinio y sustento de la escuela de Paradores, junto al presidente de este organismo. «Es un orgullo y un honor», enfatizó el presidente interino. «Yo llegué para sacar a la fusión de un atasco y darle estabilidad, normalidad y tranquilidad, sobre todo; creo que he cumplido el papel que se me pedía, evité el protagonismo personal y he permitido, aportando mi talento o lucidez, poco o mucho, que los antes separados se sentaran juntos. Nunca lo hubiera pensado, no se me había pasado por la cabeza se el primer presidente de la caja fusionada; reconozco que había y que hay compañeros de mucho más prestigio y talento en términos económicos: pero, para este momento se buscaba a alguien conciliador que uniera dos cajas distintas con culturas distintas», valoró de forma genérica sobre las causas que le llevaron a las presidencia y el desarrollo de su mandato estacional
Y se atrevió Marcos García a dejarle un consejo a los nuevos dirigentes de la entidad: «Sólo quiero darles dos ideas principales sobre las que deben trabajar; unidad y futuro», dijo a modo de dedicatoria , a un puñado de horas de firmar el finiquito de esa misión de bombero que le encomendaron para Botines. Marcos García se va tras cubrir un expediente complicado: el de la interinidad, que siempre distorsiona el trato que ofrece el personal de la compañía; basta con ver cómo se recibió al presidente interino en el vestíbulo del Auditorio de León, en los prolegómenos de la asamblea multitudinaria que pone en marcha el matrimonio carnal de Caja España y Duero, y cómo se entregó el personal al que desde hoy va a tomar la presidencia de la entidad.
Las reverencias serán de puertas a dentro; más íntimas, con los valedores que le colocaron donde no podían estar los previstos para abordar el cargo que implica llevar adelante una caja con marchamo de revulsivo económico. No cumplirían con menos aquellos que decidieron que necesitaban de un bombero para apagar un fuego y tuvieron que recurrir a un guarda forestal.