Adiós a un sindicalista con clase
Fallece con 92 años Marcelino Camacho, militante antifranquista y creador de Comisiones Obreras

Un joven alza el puño durante su visita a la capilla ardiente del histórico sindicalista, instalada
El ex dirigente de CC.OO. Marcelino Camacho, fundador del sindicato que nació en la clandestinidad durante el franquismo y activo militante contra la dictadura, murió a los 92 años víctima de las complicaciones de la enfermedad de Alzheimer. Camacho, que estaba ingresado en el Hospital Puerta de Hierro, falleció a la 1.30 horas de la madrugada del viernes. La capilla ardiente del sindicalista quedó instalada en la sede de CC.OO. y por ella desfilaron representantes del mundo de la política y la economía. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el Príncipe de Asturias, rindieron un homenaje a uno de los creadores del movimiento sindical español.
«Ha muerto Marcelino Camacho. El dirigente obrero y comunista, el representante más cualificado de los derechos de los trabajadores. Toda una vida dedicada a la causa de los más débiles, a la conquista de una sociedad más justa y solidaria», subrayó la organización sindical en un comunicado.
Camacho nació el 21 de enero de 1918 en Osma la Rasa (Soria), en el seno de una familia de ferroviarios. Con apenas 17 años se afilió al PCE durante la revolución de Asturias, así como a la UGT, alentado por la durísima represión de la huelga minera de 1934. Sus inquietudes políticas le impulsaron a alistarse como soldado raso en las filas del Ejército republicano. Su compromiso al lado de los perdedores de la contienda fratricida le valió ser condenado a realizar trabajos forzados en diferentes campos de concentración. En 1944 huyó del campo de Tánger al subirse a un vagón en marcha, dejando atrás a sus carceleros. El convoy le condujo a Argel, donde conoció a la mujer de su vida, Josefina Samper, con quien se casó en 1948. Fruto de este matrimonio nacieron Yenia y Marcel, quien heredó la vocación sindicalista de su padre.
En 1957 regresó a España aprovechando un indulto de Franco. Trabajó como tornero fresador era reavivar el sindicalismo de clase, encargo que le adjudicó el PCE. Era la época de la clandestinidad, en la que se que se movían en la sombra contra el régimen Julián Ariza, Nicolás Sartorius o el cura Paco. Aprovechando las fisuras del sistema, aliándose con fuerzas en principio antagónicas, se entregó a la tarea de organizar el embrión de Comisiones Obreras, antes de que los grises le aprendieran.
En 1965, en París, conoció a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y al secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Su osadía contra el franquismo le condujo a ser de nuevo detenido e ingresar en 1967 en la cárcel de Carabanchel, donde permaneció nueve años. Estuvo imputado en el Proceso 1001, en el que el fiscal pidió 161 años de cárcel para toda la cúpula del sindicato, en la que figuraban Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto. En la cárcel se hicieron famosas sus huelgas de hambre, protestas que le hicieron pasar momentos de penuria en las celdas de castigo. Amnistiado en 1975 junto a otros sindicalistas a la muerte de Franco, Camacho pronunció a su salida de la prisión uno de sus mensajes más recordados: «ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar». En los dos periodos en que estuvo tras las rejas, sumó 14 años de reclusión.
En 1976, CC.OO. salió a la luz de la legalidad y Camacho fue elegido secretario general de la central, de la que siempre presumió de contar con el carné número 1. Diputado por el PCE en las Cortes constituyentes terminó enfrentado a su partido por el apoyo de este a ciertas normas laborales. Esta oposición le hizo presentar su dimisión y entregar su acta de diputado para dedicarse de lleno a CC.OO.
1397124194 Pactos de la Moncloa. Firmante de los Pactos de La Moncloa de 1977, se reveló un duro adversario de los gobiernos de Felipe González, al tiempo que mantuvo unas relaciones con UGT no exentas de tensiones. Líder indiscutible de CC.OO., fue elegido de forma sucesiva secretario general en cuatro congresos. En ese tiempo, destacó también por su apoyo a los movimientos estudiantiles, su rechazo a la Otan y su defensa radical de las causas tradicionales de la izquierda. Como responsable de CC.OO. fue protagonista de de la huelga general que sufrió en 1985 el gobierno de González. Abandonó su cargo en 1987 al ceder el testigo a Antonio Gutiérrez, con el que acabó enemistándose. Pasó Camacho entonces a ocupar un cargo simbólico de presidente de CC.OO., que abandonaría después, en 1996, por los numerosos encontronazos con Gutiérrez, al que reprochaba un abandono de los orígenes y un, para él, sangrante desapego del sindicato hacia el PCE, al que aún estaba afiliado.
Hace un año dejó su piso de toda la vida en el barrio de Carabanchel -”un tercero sin ascensor-” para vivir cerca de su hija Yenia, en Majadahonda.
No permaneció ajeno a las disputas internas de CC OO. En la pugna sostenida entre Ignacio Fernández Toxo y José María Fidalgo, prestó su apoyo al primero.