Montilla pide que se aísle al PPC por «xenófobo y anticatalán»

El líder del PSC anuncia que no pactará con los populares

Chacón es saludada por Montilla al inicio del acto.

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p. de las heras | madrid
León

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La estrategia del actual presidente de la Generalitat, José Montilla, de renunciar a alianzas incómodas tras las elecciones 28 de noviembre le ha acabado dejando un estrechísimo margen de maniobra. El candidato de los socialistas catalanes anunció ayer que no pactará «bajo ninguna circunstancia» con el Partido Popular, al que acusó de «xenófobo» y contrario a los intereses de Cataluña. La promesa se suma a la que ya realizó hace semanas, cuando aseguró que no repetiría la fórmula del tripartido con ERC e ICV porque los independentistas se han lanzado a la defensa de un referéndum inconstitucional y los catalanes no están para «aventuras».

En realidad, la separación del PP tiene más importancia simbólica que real. Resulta harto improbable que los populares de Alicia Sánchez Camacho apoyen a un Gobierno del PSC, pero es aún más impensable, sobre todo con las encuestas en la mano, que los números salgan. El propio Montilla admitió durante un almuerzo-coloquio en el Club Siglo XXI, en Madrid, que los pronósticos electorales le son «adversos»; tanto, que podría perder un tercio de sus votantes. Y aunque los estudios de opinión auguran un ligero repunte del PP y le sitúan como tercera fuerza política tampoco vaticinan un despegue espectacular en escaños.

Lo que pretendía Montilla era colocar al líder de CiU -”que en las anteriores autonómicas llegó a firmar ante notario que no se apoyaría en el PP para gobernar-” en una posición difícil. Porque ahora, Artur Mas no se niega a acuerdos concretos con el partido de Mariano Rajoy para garantizar su gobernabilidad. El líder de los socialistas catalanes trató así de azuzar la imagen del PP como bestia negra de los valores catalanes, pero al tiempo buscó su identificación con lo antisocial.

En su esfuerzo por argumentar las razones que deberían convertir a los populares en una suerte de apestado político, los describió como en protagonistas de un «triple ataque»: contra la lengua catalana; contra el marco de autogobierno, o sea, contra el Estatut, y contra la convivencia, por su propuesta de expulsar a los inmigrantes en paro y exigir al resto un contrato de integración; una iniciativa, dijo, «irreal, oportunista, demagoga, xenófoba», que se apoya en las «bajas pasiones» de los más desfavorecidos y que busca la «confrontación social».

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Arranca la campaña. Mientras, los partidos catalanes arrancaron en la pasada medianoche la maquinaria de unas elecciones autonómicas marcadas por la crisis económica, el reto de combatir la abstención y por una activa presencia de los grandes partidos nacionales, PSOE y PP, que durante quince días volcarán sus recursos y líderes en esta campaña.