Diario de León
Artur Mas se sumó a un rondo con los periodistas tras concluir un mitin en Vic.

Artur Mas se sumó a un rondo con los periodistas tras concluir un mitin en Vic.

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roger mateos | vic
León

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Eran ya las once y media de la noche, hacía un par de horas que había terminado su mitin en Vic, el debate del día anterior -"el domingo-" en TV3 no le había permitido dormir más de 4 horas, pero nada más ver a los periodistas dándole patadas al balón el candidato de CiU a la Generalitat no dudó en sumarse al juego. Hacía rato que el millar y medio de asistentes al acto había ido desfilando, en el recinto ferial El Sucre de Vic sólo quedaban los profesionales de la información, los técnicos encargados de montar y desmontar escenarios, Artur Mas y su mujer, Helena Rakosnik.

Tras cenar sin formalidades -"una ensalada, una salchicha y un flan-" en una mesa que faltaba por cargar en el camión, ella confiaba con poder arrastrar finalmente a su marido a casa, pero no contaba con toparse con media docena de futboleros matando el tiempo con un esférico antes de regresar a Barcelona; Rakosnik arqueó las cejas y resopló resignada.

Mas se quitó la americana: en mangas de camisa, corbata y zapatos de piel, entró en el rondo de periodistas que ya habían enviado sus crónicas y que, situados en círculo, iban dando toques a la pelota sin dejarla caer al suelo, mientras a su alrededor los operarios carreteaban altavoces, descolgaban focos y apilaban sillas.

Un hombre que no se despeina. No es nada fácil ver a Mas despeinarse -hay quien no ha tenido nunca la ocasión de verlo así, pese a trabajar cada día a su lado-, pero en la noche del lunes el aspirante a president parecía decidido a evadirse de sus preocupaciones electorales y se desmelenó. Un toque con el pie derecho, otro con el izquierdo, otra vez el derecho, ahora la rodilla, la pasa, la vuelve a recibir, la para con el pecho, parece que se le escapa y alarga la pierna, se le va muy lejos, sale corriendo para recuperarla y volver a ponerla en juego, chuta, toma aire, sigue la jugada con la mirada hasta le llega de nuevo el balón a media altura... y remata de cabeza. Y así diez minutos largos, posiblemente los diez minutos más distendidos de la campaña electoral de un Mas que revivió por un buen rato sus años dorados como centrocampista y extremo del Junior de Sant Cugat del Vallès, en el que jugó de los 15 a los 17 años.

«Me llamaban la Flecha Negra. Era muy veloz...», explicó ufano al terminar la pachanga con los periodistas, con quienes apalabró un amistoso, si gana las elecciones, entre ellos y los miembros que estén más en forma de su hipotético Govern. Después de mi etapa en el Junior, jugué varios años a fútbol sala con mis amigos de Vilassar. Pero desde entonces ya ha llovido mucho. Ahora no sé si aguantaría un partido entero...», se sinceró Mas, que a sus 54 años hace natación una vez a la semana y de vez en cuando pisa el gimnasio para trabajar algún músculo.

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