La izquierda se enfrenta a su primer examen con las elecciones catalanas
Los progresistas, desanimados por las disputas internas de la alianza gubernamental

Los candidatos a presidir la Generalitat ayudan en la formación de un «castell».
Las fuerzas de izquierda se enfrentan hoy en Cataluña a su primer test de estrés, luego vendrán las municipales de mayo y las generales del 2012. Comprobarán cuan fiel es su electorado después de haber soportado tensiones en dos frentes. En el plano nacional, los votantes progresistas tendrán oportunidad de dar su parecer sobre el plan de ajuste y las políticas anticrisis del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero; y en el ámbito catalán, darán su veredicto sobre la experiencia del tripartito. En ambos casos las perspectivas son malas para los socialistas, pero también para Esquerra Republicana, y en menor medida para Iniciativa per Catalunya, la coalición en que se encuadra Izquierda Unida.
La crisis ha pasado factura electoral a las fuerzas gobernantes en toda Europa, con la excepción del Pasok griego en las recientes municipales. Han pagado todas, fueran de izquierda o de derecha. España y Cataluña no parece que vayan a ser la excepción, es más en ambos casos el varapalo puede adquirir tintes de debacle. El primer examen lo van a pasar este domingo los partidos de la izquierda catalana.
Lo bueno y lo malo. Los electores progresistas acuden a las urnas, los que acudan, con un debe abultado y un haber magro. En el debe tienen una reforma laboral que, según expertos, sindicatos y empresarios, abarata el despido; una congelación de las pensiones; un recorte de salarios para los funcionarios; una reforma de las pensiones en ciernes; una gestión tibia del desalojo del campamento saharaui de El Aaiún, y el rosario aún tiene más cuentas. Es decir, con muchas de las banderas tradicionales de la izquierda por los suelos.
Pero también hay cosas, recuerdan en el PSOE a la desesperada, de las que enorgullecerse y citan la gestión de la crisis que, a diferencia de lo ocurrido en otros países, no ha recortado el gasto social ni ha recurrido a los despidos en el sector público; la aprobación de leyes de perfil progresista, como la del aborto, tampoco se ha frenado. Pero es un escaso bagaje para acudir a votar a la izquierda en Cataluña, admiten los propios socialistas.
A este escenario poco halagüeño, se suman las particularidades propias del tripartito que ha sustentado el Gobierno de la Generalitat desde el 2003. Una experiencia que no ha satisfecho ni a unos ni a otros. Al PSC porque le ha añadido varias capas de nacionalismo al barniz catalanista que ya tenía y que aleja de las urnas a sus votantes más españolistas en las convocatorias autonómicas. A Esquerra Republicana porque su perfil independentista se ha desdibujado en el Ejecutivo de Montilla hasta adquirir ribetes de sano autonomismo.
Yendo a lo concreto. Aunque las encuestas dicen que la mayoría de los catalanes se declara de izquierda, las formaciones progresistas pueden obtener este domingo el peor resultado de su historia. Los estudios demoscópicos hablan de tropezón mayúsculo tanto de PSC como de Esquerra Republicana. El problema que tienen ambas fuerzas políticas es de desmovilización del electorado y de huida de una parte de sus votantes por la desafección que ha generado el tripartito.
En lo que coinciden todas las encuestas es en que el Partit dels Socialistes de Catalunya puede dejarse entre cuatro y nueve de los 37 diputados que tiene en la actualidad y podría quedarse en la mitad de parlamentarios que alcance CiU.