Mejor hoy que mañana

César Alierta, Rubalcaba, Zapatero, Elena Salgado y Emilio Botín, en un momento del encuentro de aye
Ninguno de los empresarios que José Luis Rodríguez Zapatero reunió ayer en la Moncloa -”que calificaron de «muy útil el encuentro-” dejó pasar la oportunidad para recordarle, en persona y a la cara, al presidente que no hay tiempo que perder. Fue el mensaje unánime de los 25 -˜popes-™ que tomaron la palabra. El resto hasta los 37 asistentes se mantuvo en silencio, aunque asintió con vehemencia ese mensaje de que hay que darse prisa si no se quieren lamentar las consecuencias.
Esa premura significa que las reformas que ha de afrontar la economía española deben sacarse adelante sí o sí. Entre la gran empresa empieza a cundir la idea de que lo ideal sería contar siempre con el consenso generalizado de los agentes sociales y los grupos parlamentarios; pero que si esa búsqueda de acuerdos complica la salida no se debe perder el tiempo
Otra de las demandas planteadas a Zapatero fue la necesidad de que el Ejecutivo redoble sus esfuerzos en aclarar la imagen y la realidad económica de España ante algunos medios internacionales, sobre todo del mercado anglosajón, que no han dudado en los últimos tiempos en divulgar todo tipo de mensajes apocalípticos sobre la situación de las finanzas públicas y privadas españolas.
Según algunos de los presentes en la cita, Zapatero aguantó el tirón y se esforzó por transmitir firmeza. Más de uno trasladó al presidente la idea de que los mercados no esperan. La Bolsa abre el lunes, y a los inversores no se les puede entretener con plazos demasiado largos ni mensajes inconcretos, porque en cuestiones financieras las cosas tienen otra filosofía. En concreto, la de que «hoy es mejor que mañana» Nadie levantó la voz ni se salió del guión, aunque alguno fue más firme que otros. Entre los más decididos, dicen, el presidente del BBVA, Francisco González. Fuentes conocedoras de la reunión aseguran que los empresarios no se mostraron, en absoluto, disciplentes con Rodríguez Zapatero.
Todo lo contrario, su exposición fue cruda y realista, y marcada por un tono general de sinceridad. La presión de los mercados es enorme para todos los presentes en el encuentro, y los cuatro o cinco minutos con que contaron quienes intervinieron no dejaban espacio para las florituras. Velocidad de reacción y reformas inmediatas fueron las peticiones más escuchadas.