Diario de León

Casi el 85% de los municipios no pueden evitar la despoblación

El pueblo casi abandonado de Cañizal de Rueda.

El pueblo casi abandonado de Cañizal de Rueda.

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León

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Lejos de la capital leonesa, pero todavía dentro de los límites provinciales, el fenómeno de la despoblación es más latente. Los pueblos se vacían mientras crecen los asentamientos intermedios y las zonas del alfoz de las localidades más grandes. Los desequilibrios se acentúan y en la mayor parte de los municipios los programas para fijar población no funcionan, mientras año a año se cierran colegios rurales, se suprimen líneas de autobuses y proliferan los carteles de «se vende».

Entre los motivos de este éxodo está la peculariedad del modelo poblacional de la provincia, con asentamientos dispersos y núcleos pequeños, que perjudica a los habitantes de los municipios con menor prosperidad económica. Según un estudio de la Diputación, hecho público el pasado mes de noviembre, 121 ayuntamientos están en situación de extrema ruralidad , coyuntura sociológica que condiciona de forma grave el futuro de sus vecinos. Más de la mitad de los municipios leoneses (120 de 212) tiene menos de veinte habitantes por kilómetro cuadrado y el 84,3% (178) tiene problemas generales para evitar la marcha de sus vecinos.

Pueblos fantasma. La mayoría de los pueblos de menos de 2.000 habitantes de la provincia ha perdido más del 20% de su población y, en muchos casos, los porcentajes llegan hasta el 60 o el 80%. Los pueblos fantasmas, en los que resisten uno o dos residentes, se están convirtiendo en postales cada vez más habituales del paisaje leonés. Según datos del INE, en la provincia de León hay más de cien unidades poblaciones con menos de 10 vecinos. Los fuertes contrastes que experimentan algunos pueblos, en invierno prácticamente muertos e irreconociblemente vivos en verano, es ya habitual en muchas zonas de la geografía leonesa.

Por otra parte, la concentración de la población en las cabeceras de comarca es un fenómeno creciente. Cistierna, Camponayara, Carracedelo, Mansilla de las Mulas o los grandes pueblos mineros han visto crecer el número de habitantes en detrimento de pedanías de menor tamaño. El trasvase de población de las localidades menores a la capital y a las cabeceras de comarca amplía la brecha entre el modelo urbano y el rural.

Menos oportunidades. La falta de servicios en las localidades más pequeñas es el principal motivo de sus pobladores para emigrar a núcleos de mayor tamaño sin abandonar su zona de trabajo. Sin embargo, la oferta de servicios, la búsqueda de mayor confort, el modo de vida o las oportunidades laborales no son los únicos motores del éxodo. Las leyes, por ejemplo, también condicionan estos movimientos. Cuando hace años se estipuló que las estabulaciones de ganado debían estar fuera de los núcleos urbanos, muchos profesionales, sobre todo jóvenes, decidieron sacarlas de los pueblos y, de paso, cambiar el domicilio de la familia a la cabecera de Ayuntamiento o de comarca, donde las facilidades para el día a día son mayores.

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